Después de siete días y siete noches de luto y silencio hay cuatro amigos que ya no pueden reprimir sus palabras. Job fue el primero en hablar, y sin dudas sintió en su boca ese sabor amargo que produce la química de todo organismo que atraviesa una crisis muy grave.
Sutilmente, aquel hombre de costumbres árabes argumentó que Dios tenía algo que ver con su desgracia.
La mayoría de los creyentes en el Dios de la Biblia nos volvemos torpes fácilmente cuando sufrimos, y de un modo semejante nos dejamos llevar rápidamente por un éxtasis desmedido cuando gozamos. Ser maduros es gozar y sufrir parejamente las mismas cosas, ser maduros es poseer un carácter predecible en toda suerte de circunstancias, ya sean estas favorables o desfavorables. (Este no era el carácter que Job tenía.)
Con sus palabras, Job había depositado en manos de sus amigos algunas brazas ardientes, Job había hecho, implícita y explícitamente, preguntas que ningún hombre puede contestar. Sus amigos contestaron con respuestas esteriotipadas, es decir, contestaron de la manera clásica en que se responde a aquellas preguntas cuyas respuestas nunca satisfacen.
Ante la inconsistencia de todas las respuestas ofrecidas Job se disgustó y se refirió a ellos, entre otros calificativos, como a "médicos nulos".
La discusión continua a lo largo de todo el libro y cuando llega aquel momento cúspide, postrero, y excepcionalmente extraordinario en el que Dios se presenta para hablar personalmente con Job, ocurre algo de lo más sorprendente; Dios omite darle alguna respuesta a Job en referencia a la desgracia acontecida.
En todo lo que hace al desarrollo del tema, se ve claramente que "una Respuesta Divina al por qué del sufrimiento” de Job no habría de ser la solución para consolar sus penas (penas que básicamente también suelen ser las nuestras).
Sin embargo, en su limitación, el hombre pensaba porfiadamente que una sola frase, una sola mítica frase conjugada por Dios le sería totalmente aclaratoria, y le bastaría para comprender todas las cosas para estar en paz…¡que ingenuo! Verdades que Dios dejó a Job en Paz sin darle respuesta alguna, (y eso es lo que le hace bien a mi alma y a la suya, porque de acuerdo con esto, usted y yo podemos olvidarnos de tener que saber o entender todo para tener o transmitir Paz.)
Ahora bien, los amigos de Job asumieron que su responsabilidad era la de abogar por Dios, y así fueron ensayando algunas respuestas para mitigar la acusada confusión que había en su amigo.
El primero en tomar la posta fue Elifaz, el hombre de Temán. Era descendiente de Esaú, hermano de Jacob, hijo de Isaac, hijo de Abraham (Elifaz llevaba el nombre del primogénito de de Esaú, como quien es portador de un brillo del pasado.)
El resumen del argumento de Elifaz puede ser este:
-para Elifaz, Job sufre porque ha pecado.
-para Elifaz, Job es hombre, y por tanto pecador.
-para Elifaz, la desgracia de Job muestra las características de la mano disciplinaria de Dios.
-para Elifaz, Job debe aceptar el castigo para que todo termine bien.
-para Elifaz, su punto de vista está bien consensuado, y además es indiscutible. (He aquí lo que hemos inquirido, lo cual es así.)
-Elifaz termina (5:27) diciendo que Job hará bien en tomar este consejo.
Job se enfada, y lo reprocha inmediatamente. Dios le mostrará su enfado más tarde.
El argumento aritmético de Elifaz (Justicia Divina menos - pecado, es igual = hombre desgraciado) es prevaleciente aún hoy en día. El cristiano que husmea la vida con un olfato en el que toda desgracia le huele a castigo Divino es miserable, porque prescinde innecesariamente de la imputación de la Justicia de Cristo para sentirse acepto y adecuado como hijo de Dios.
El cristiano que carece de amplitud mental para analizar las circunstancias de la vida vendría a ser como un médico que siempre diagnostica la misma enfermedad a todos sus pacientes por carecer de un uso racional de sus conocimientos. (De suerte que esto nunca nos sucede a los pastores…)
No dudo del deseo sincero de Elifaz en querer arrojar luz sobre el problema de su amigo, dudo de la capacidad de Elifaz en poder hacerlo con ese tipo de mentalidad incapaz de dar, siquiera, el beneficio de la duda a su amigo.
Elifaz y sus dos amigos, con quienes había inquirido, eran considerados un digno tribunal de consejeros, sin embargo no había consejo ni respuesta que pudiera remediar la calamidad de Job.
Cuando, en cualquier momento, esta irónica vida hace resurgir la historia de unos amigos reunidos para consolar y condolerse con otro, (mejor es dolerse con… que hacer doler con…) es bueno callar en vez de juzgar.
"Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios." (1ªCo.4:5.)
sábado, 4 de julio de 2009
“Ve y fuérzalos a entrar”
Siempre me reconforta ver la manera tan dulce y amorosa en que Jesucristo trató y enseñó a sus discípulos a trabajar. El amor y la paciencia son las características más predominantes de su carácter en relación a ellos.
Esas páginas de la Biblia me han convencido de que Jesucristo era un Maestro que trabajaba artesanalmente con su gente. Nunca obligó a nadie a hacer nada contra su voluntad, y nunca lo haría. Es fácil imaginar que el taller de carpintería en el que alguna vez trabajara sería una prueba de que él era un fino artesano.
No me lo imagino a Jesús entregando una mesa a algún cliente, y luego tener que recibir las quejas por faltas en los “detalles de terminación”. Galilea era una región de mucho comercio, por ella pasaba una de las rutas comerciales más importantes del mundo. En ella convivían media docena de gremios, y el de la carpintería llevaba el sello de una buena calidad artesanal. No creo que Jesucristo, habiendo hecho honor a esto, hiciera menos gala para su Padre celestial en el trabajo artesanal de presentar a los hombres perfectos.
En el mundo en el que vivimos, el concepto de lo artesanal refleja algo invariablemente inferior, decrépito, y anticuado, si se lo compara con aquello que es producido rigurosamente en serie.
Ejemplo de ello se ve a diario:
-¿Dónde compraste estos biscochitos vieja? ¡son una piedra!
-Se los compré a la Irma, son artesanales…
Desde la revolución industrial las cosas han cambiado mucho en el mundo.
El insensato apresuramiento del mundo por ir a ninguna parte, junto con esa expectativa falaz de progreso, también ha entrado en las iglesias cristianas logrado un gran dinamismo y un vertiginoso adelanto.
Las iglesias (casi siempre llenas de mediocridad y pobreza humana) le han dado su bendición casi a todo lo que lleva el sello de la modernidad y del progreso; todo método pragmático, sistema simplificado, serie de pasos, lecciones objetivas, y cursos cortos de perfeccionamiento (¿oyó bien no?: per-fec-cio-na-mien-to…) que este burdo y ruidoso progresismo tiene en su catálogo es bien recibido en ellas:
Casos testigo y vergüenzas de toda biblioteca:
-“Como ser salvo en tres pasos”
-“Siete pasos para el gozo”
-“Guía práctica para el cristiano victorioso” (versión de bolsillo)
-“Seis pasos para organizar una iglesia”
-“Teología práctica en doce lecciones”
-“La iglesia con propósito” (…método)
-“El matrimonio con propósito” (…método)
-“…Método para una oración poderosa”
-“Biblia en CD logos,…el icono “instant expert” lo convertirá a usted instantáneamente en un experto… ” (Terrible bolazo, una falta de respeto, una burla del Diablo…)
Esta manera de promocionar la vida espiritual es totalmente extraña a las formas de la propia Biblia. Estos blandos, simplificados y suavemente escalonados sistemas creados por y para los ingenuos cristianos hacen que la Biblia parezca un libro cruel, rústico y demasiado exigente al que da miedo abrir. Por supuesto, el ambiente cristiano se ha inclinado hacia este material de jardín de infames, y ha adoptado su filosofía, puesto que es lo que predomina en el ambiente. Así es che.
Así, pues, una de las vertientes de este engendro de la modernidad busca producción, una línea de ensamblaje en la que los cristianos sean hechos en serie, y esta es la filosofía que en muchas iglesias ya está funcionando desde hace mucho tiempo. El viejo cuento del “más es mejor”.
Pero nadie que entiende, discute que los cristianos hechos en serie no pueden razonar, no pueden dialogar, no saben interpretar la Biblia, no saben escuchar a alguien que opina diferente sin enredarse en una acalorada discusión, no conocen lo que es el Amor práctico, llano y simple que se puede practicar cotidianamente, se quedan mudos y sin saber cómo reaccionar ante la menor variación de preguntas, razonamientos y circunstancias que se les presentan fuera de su pequeño y prejuiciado mundillo. Son obstinados, engreídos, ignorantes, y lo que es peor: no se dejan reeducar.
El cristianismo actual es cómplice de utilizar la programación neurolinguística, tanto como los que utilizan la política o el marketing para ganar poder y prestigio bajo el lema: “el fin justifica los medios”.
Mi punto principal en este artículo es señalarle a usted, mi querido consiervo cristiano, que un cristianismo semejante NO PUEDE cumplir con la “Gran Comisión” (ni con ninguna digna comisión de Cristo).
Conceptos tales como “evangelismo explosivo”, “evangelismo agresivo”, y “evangelismo compulsivo” (conceptos viles como un lupanar, que maneja nuestro actual cristianismo) son sendas muestras de la agresividad, violencia, y ordinariez que se ha instalado en los métodos y en los discursos cristianos para predicar el Evangelio (las buenas nuevas) de la Gracia de Dios a las amadas almas de Dios, perdidas.
Se hace evidente que quienes abogan por estos sistemas desconocen el carácter de las enseñanzas de la Biblia para la actual dispensación. Son personas que tienen gran celo, pero un celo que va acompañado de una peligrosa ingenuidad. Incurren en la misma contradicción que aquellos discípulos que sugirieron a Cristo que enviara fuego del Cielo a los incrédulos rebeldes…
Uno de los pasajes preferidos de este evangelismo lleno hormonas, violencia y adrenalina es el siguiente:
“Entonces Jesús le dijo: Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos. Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado. Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses. Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses. Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir. Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Ve pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos. Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar. Dijo el señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa.” Lc.14.16-23. (énfasis mío)
A algunos pastores les encanta utilizar este versículo para presionar a sus congregaciones para que se logre algún tipo de resultado. Pero evidentemente que si supieran el significado correcto del mismo se llenarían de vergüenza.
Por otro lado, muchos cristianos, más precavidos quizás, prefieren evitarlo no queriendo hablar de él por no poder explicar satisfactoriamente ciertos términos aparentemente contradictorios. Existen, inclusive, algunos incrédulos que se han tomado de él para ridiculizar a Dios y acusarnos de tener un sistema de creencia intolerante y totalitarista. Pero últimamente existe un grupo de cristianos que han descubierto una manera de apoyar su evangelismo mercenario en, por lo menos, un solo versículo bíblico.
Si se busca la explicación y la armonía de esta declaración: “Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa.” con el resto de la Biblia, indagando el significado de las palabras en la lengua original se verá que lo que se dice es exactamente lo que se dice.
La expresión literal, “fuérzalos a entrar” es de connotaciones fuertes, tanto en el griego, como en castellano.
Si se busca dar una explicación de estas controvertidas palabras apelando al sentido parabólico se verá que al fin de cuentas aparentemente no se exime al siervo de ejercer cierta presión sobre los que están fuera.
Pero claro, no se debería pasar por alto que una de las reglas más importantes para la interpretación de la Biblia es la interpretación de sus palabras y dichos dentro de su propio contexto de tiempo y espacio, lo que significa que debemos preguntarnos ¿qué significó para aquella cultura esto de salir a buscar invitados y forzarlos a entrar a un determinado lugar? ¿y qué significa esto para nosotros los cristianos hoy en día?
De acuerdo con las costumbres de la época en la que Cristo estaba diciendo estas cosas, era usual que ciertos hombres organizaran grandes banquetes. La preparación llevaba semanas y las invitaciones se hacían con gran antelación. Pero si por alguna razón ciertos invitados no podían asistir o viajar, el anfitrión podía llenar los espacios que quedaban invitando a otros comensales menos dignos que los primeros. Así, pues, el amo de la casa enviaba a sus siervos a buscar a otras personas y al llegar los siervos con tamaña y honorable invitación, el invitado y el mensajero entraban en un cierto y determinado trato protocolar (cosa que era una convención social con varios siglos de antigüedad entre orientales).
Dicho protocolo consistía en que el siervo daba la invitación al desconocido, e inmediatamente el invitado se debía negar a asistir. El invitado no hacía esto por falta de interés o por falta de cortesía, lo hacía por dos razones:
1-El invitado debía demostrar que no poseía una dignidad que estuviera a la altura de la invitación del anfitrión. Se debía demostrar que la jerarquía del anfitrión era demasiado alta y honorable como para asistir. Negarse era decir que era mucho honor. Era una forma de honrar al anfitrión, tal que si el invitado accedía inmediatamente significaría una terrible falta de respeto, y una deshonra para el anfitrión. El invitado debía encomiar dicha hospitalidad, realzar la gran honorabilidad del anfitrión negándose a ir.
2-Este juego daba lugar a que el mensajero tuviera la gracia y bondad de insistir en la invitación una y otra vez haciendo amplia gala de la generosidad de su amo para con el que estaba siendo invitado.
Este juego del “vení a la fiesta que te invita mi jefe”, y “no, no voy porque no soy nadie para estar ahí”, “pero sí vení que mi jefe es un grande” y “no, no, relamente es mucho” se repetía dos o tres veces hasta que finalmente el invitado aceptaba ir prácticamente obligado, presentándose luego en el banquete con agradecimiento y humillación.
A este conocido procedimiento protocolar entre orientales se lo designa como “ir y obligar a que entren a la fiesta”. Nunca, se sabe, el invitado iba a la fiesta contra su voluntad verdaderamente, sino solo en forma fingida, para decirlo de alguna manera.
Estas costumbres los occidentales no las entendemos ni practicamos en absoluto, para nosotros basta que alguien invite a un banquete para que, cuales ratas, nos colemos al festín y le chupemos hasta la sangre al pobre anfitrión.
¡Hay de la Biblia escrita por orientales, para orientales, interpretada por mentes occidentales!
Como puede verse, el pasaje antes mencionado, interpretado a la luz de su propio contexto (COMO DEBERÍA SER) no establece ningún principio por el cual se habilita a ningún cristiano a obligar ni a presionar a nadie a hacer nada con respecto a la fe.
Además el pasaje no es evangelístico, el pasaje se dirige a judíos que están bajo la Ley, y acentúa el cambio de planes de Dios con respecto a su rebelde Israel, el cual tenía el honor de haber sido invitado a la mesa de Dios pero que luego se negó a ir, inexcusablemente. (Claro que cada uno puede hacer lo que quiera con él, si eso es lo que se quiere.)
De otro modo el mismo carácter de Dios entraría en contradicción, y la misma Biblia con ello, ya que él, siendo un Dios perfecto, no puede dar y privar al mismo tiempo al hombre del derecho a la libertad soberana de elección.
En resumidas cuentas hay muchas cosas que han trascendido y se han hecho poderosas en el mundo cristiano pero en realidad no son más que terribles malos entendidos y groseros descuidos.
Que bueno sería para el mundo que los pastores se dedicaran más la investigación bíblica y a leer libros de teología, y que dejaran de lado los devocionales, los insufribles discipulados, y las lecciones publicadas en Internet.
El mundo sería distinto si en las iglesias se predicara correctamente la Palabra de Dios.
El mundo sería otro si a los cristianos se los preparara artesanalmente.
El mundo se vería distinto si no se enseñara a las personas a ser terroristas religiosos.
Usted puede mejorar muchas cosas si las hace como Dios manda.
Sin embargo ¿Hasta donde está usted dispuesto a dejar que la Biblia modifique su tradicional e insuficiente sistema de creencia?
Esas páginas de la Biblia me han convencido de que Jesucristo era un Maestro que trabajaba artesanalmente con su gente. Nunca obligó a nadie a hacer nada contra su voluntad, y nunca lo haría. Es fácil imaginar que el taller de carpintería en el que alguna vez trabajara sería una prueba de que él era un fino artesano.
No me lo imagino a Jesús entregando una mesa a algún cliente, y luego tener que recibir las quejas por faltas en los “detalles de terminación”. Galilea era una región de mucho comercio, por ella pasaba una de las rutas comerciales más importantes del mundo. En ella convivían media docena de gremios, y el de la carpintería llevaba el sello de una buena calidad artesanal. No creo que Jesucristo, habiendo hecho honor a esto, hiciera menos gala para su Padre celestial en el trabajo artesanal de presentar a los hombres perfectos.
En el mundo en el que vivimos, el concepto de lo artesanal refleja algo invariablemente inferior, decrépito, y anticuado, si se lo compara con aquello que es producido rigurosamente en serie.
Ejemplo de ello se ve a diario:
-¿Dónde compraste estos biscochitos vieja? ¡son una piedra!
-Se los compré a la Irma, son artesanales…
Desde la revolución industrial las cosas han cambiado mucho en el mundo.
El insensato apresuramiento del mundo por ir a ninguna parte, junto con esa expectativa falaz de progreso, también ha entrado en las iglesias cristianas logrado un gran dinamismo y un vertiginoso adelanto.
Las iglesias (casi siempre llenas de mediocridad y pobreza humana) le han dado su bendición casi a todo lo que lleva el sello de la modernidad y del progreso; todo método pragmático, sistema simplificado, serie de pasos, lecciones objetivas, y cursos cortos de perfeccionamiento (¿oyó bien no?: per-fec-cio-na-mien-to…) que este burdo y ruidoso progresismo tiene en su catálogo es bien recibido en ellas:
Casos testigo y vergüenzas de toda biblioteca:
-“Como ser salvo en tres pasos”
-“Siete pasos para el gozo”
-“Guía práctica para el cristiano victorioso” (versión de bolsillo)
-“Seis pasos para organizar una iglesia”
-“Teología práctica en doce lecciones”
-“La iglesia con propósito” (…método)
-“El matrimonio con propósito” (…método)
-“…Método para una oración poderosa”
-“Biblia en CD logos,…el icono “instant expert” lo convertirá a usted instantáneamente en un experto… ” (Terrible bolazo, una falta de respeto, una burla del Diablo…)
Esta manera de promocionar la vida espiritual es totalmente extraña a las formas de la propia Biblia. Estos blandos, simplificados y suavemente escalonados sistemas creados por y para los ingenuos cristianos hacen que la Biblia parezca un libro cruel, rústico y demasiado exigente al que da miedo abrir. Por supuesto, el ambiente cristiano se ha inclinado hacia este material de jardín de infames, y ha adoptado su filosofía, puesto que es lo que predomina en el ambiente. Así es che.
Así, pues, una de las vertientes de este engendro de la modernidad busca producción, una línea de ensamblaje en la que los cristianos sean hechos en serie, y esta es la filosofía que en muchas iglesias ya está funcionando desde hace mucho tiempo. El viejo cuento del “más es mejor”.
Pero nadie que entiende, discute que los cristianos hechos en serie no pueden razonar, no pueden dialogar, no saben interpretar la Biblia, no saben escuchar a alguien que opina diferente sin enredarse en una acalorada discusión, no conocen lo que es el Amor práctico, llano y simple que se puede practicar cotidianamente, se quedan mudos y sin saber cómo reaccionar ante la menor variación de preguntas, razonamientos y circunstancias que se les presentan fuera de su pequeño y prejuiciado mundillo. Son obstinados, engreídos, ignorantes, y lo que es peor: no se dejan reeducar.
El cristianismo actual es cómplice de utilizar la programación neurolinguística, tanto como los que utilizan la política o el marketing para ganar poder y prestigio bajo el lema: “el fin justifica los medios”.
Mi punto principal en este artículo es señalarle a usted, mi querido consiervo cristiano, que un cristianismo semejante NO PUEDE cumplir con la “Gran Comisión” (ni con ninguna digna comisión de Cristo).
Conceptos tales como “evangelismo explosivo”, “evangelismo agresivo”, y “evangelismo compulsivo” (conceptos viles como un lupanar, que maneja nuestro actual cristianismo) son sendas muestras de la agresividad, violencia, y ordinariez que se ha instalado en los métodos y en los discursos cristianos para predicar el Evangelio (las buenas nuevas) de la Gracia de Dios a las amadas almas de Dios, perdidas.
Se hace evidente que quienes abogan por estos sistemas desconocen el carácter de las enseñanzas de la Biblia para la actual dispensación. Son personas que tienen gran celo, pero un celo que va acompañado de una peligrosa ingenuidad. Incurren en la misma contradicción que aquellos discípulos que sugirieron a Cristo que enviara fuego del Cielo a los incrédulos rebeldes…
Uno de los pasajes preferidos de este evangelismo lleno hormonas, violencia y adrenalina es el siguiente:
“Entonces Jesús le dijo: Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos. Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado. Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses. Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses. Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir. Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Ve pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos. Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar. Dijo el señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa.” Lc.14.16-23. (énfasis mío)
A algunos pastores les encanta utilizar este versículo para presionar a sus congregaciones para que se logre algún tipo de resultado. Pero evidentemente que si supieran el significado correcto del mismo se llenarían de vergüenza.
Por otro lado, muchos cristianos, más precavidos quizás, prefieren evitarlo no queriendo hablar de él por no poder explicar satisfactoriamente ciertos términos aparentemente contradictorios. Existen, inclusive, algunos incrédulos que se han tomado de él para ridiculizar a Dios y acusarnos de tener un sistema de creencia intolerante y totalitarista. Pero últimamente existe un grupo de cristianos que han descubierto una manera de apoyar su evangelismo mercenario en, por lo menos, un solo versículo bíblico.
Si se busca la explicación y la armonía de esta declaración: “Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa.” con el resto de la Biblia, indagando el significado de las palabras en la lengua original se verá que lo que se dice es exactamente lo que se dice.
La expresión literal, “fuérzalos a entrar” es de connotaciones fuertes, tanto en el griego, como en castellano.
Si se busca dar una explicación de estas controvertidas palabras apelando al sentido parabólico se verá que al fin de cuentas aparentemente no se exime al siervo de ejercer cierta presión sobre los que están fuera.
Pero claro, no se debería pasar por alto que una de las reglas más importantes para la interpretación de la Biblia es la interpretación de sus palabras y dichos dentro de su propio contexto de tiempo y espacio, lo que significa que debemos preguntarnos ¿qué significó para aquella cultura esto de salir a buscar invitados y forzarlos a entrar a un determinado lugar? ¿y qué significa esto para nosotros los cristianos hoy en día?
De acuerdo con las costumbres de la época en la que Cristo estaba diciendo estas cosas, era usual que ciertos hombres organizaran grandes banquetes. La preparación llevaba semanas y las invitaciones se hacían con gran antelación. Pero si por alguna razón ciertos invitados no podían asistir o viajar, el anfitrión podía llenar los espacios que quedaban invitando a otros comensales menos dignos que los primeros. Así, pues, el amo de la casa enviaba a sus siervos a buscar a otras personas y al llegar los siervos con tamaña y honorable invitación, el invitado y el mensajero entraban en un cierto y determinado trato protocolar (cosa que era una convención social con varios siglos de antigüedad entre orientales).
Dicho protocolo consistía en que el siervo daba la invitación al desconocido, e inmediatamente el invitado se debía negar a asistir. El invitado no hacía esto por falta de interés o por falta de cortesía, lo hacía por dos razones:
1-El invitado debía demostrar que no poseía una dignidad que estuviera a la altura de la invitación del anfitrión. Se debía demostrar que la jerarquía del anfitrión era demasiado alta y honorable como para asistir. Negarse era decir que era mucho honor. Era una forma de honrar al anfitrión, tal que si el invitado accedía inmediatamente significaría una terrible falta de respeto, y una deshonra para el anfitrión. El invitado debía encomiar dicha hospitalidad, realzar la gran honorabilidad del anfitrión negándose a ir.
2-Este juego daba lugar a que el mensajero tuviera la gracia y bondad de insistir en la invitación una y otra vez haciendo amplia gala de la generosidad de su amo para con el que estaba siendo invitado.
Este juego del “vení a la fiesta que te invita mi jefe”, y “no, no voy porque no soy nadie para estar ahí”, “pero sí vení que mi jefe es un grande” y “no, no, relamente es mucho” se repetía dos o tres veces hasta que finalmente el invitado aceptaba ir prácticamente obligado, presentándose luego en el banquete con agradecimiento y humillación.
A este conocido procedimiento protocolar entre orientales se lo designa como “ir y obligar a que entren a la fiesta”. Nunca, se sabe, el invitado iba a la fiesta contra su voluntad verdaderamente, sino solo en forma fingida, para decirlo de alguna manera.
Estas costumbres los occidentales no las entendemos ni practicamos en absoluto, para nosotros basta que alguien invite a un banquete para que, cuales ratas, nos colemos al festín y le chupemos hasta la sangre al pobre anfitrión.
¡Hay de la Biblia escrita por orientales, para orientales, interpretada por mentes occidentales!
Como puede verse, el pasaje antes mencionado, interpretado a la luz de su propio contexto (COMO DEBERÍA SER) no establece ningún principio por el cual se habilita a ningún cristiano a obligar ni a presionar a nadie a hacer nada con respecto a la fe.
Además el pasaje no es evangelístico, el pasaje se dirige a judíos que están bajo la Ley, y acentúa el cambio de planes de Dios con respecto a su rebelde Israel, el cual tenía el honor de haber sido invitado a la mesa de Dios pero que luego se negó a ir, inexcusablemente. (Claro que cada uno puede hacer lo que quiera con él, si eso es lo que se quiere.)
De otro modo el mismo carácter de Dios entraría en contradicción, y la misma Biblia con ello, ya que él, siendo un Dios perfecto, no puede dar y privar al mismo tiempo al hombre del derecho a la libertad soberana de elección.
En resumidas cuentas hay muchas cosas que han trascendido y se han hecho poderosas en el mundo cristiano pero en realidad no son más que terribles malos entendidos y groseros descuidos.
Que bueno sería para el mundo que los pastores se dedicaran más la investigación bíblica y a leer libros de teología, y que dejaran de lado los devocionales, los insufribles discipulados, y las lecciones publicadas en Internet.
El mundo sería distinto si en las iglesias se predicara correctamente la Palabra de Dios.
El mundo sería otro si a los cristianos se los preparara artesanalmente.
El mundo se vería distinto si no se enseñara a las personas a ser terroristas religiosos.
Usted puede mejorar muchas cosas si las hace como Dios manda.
Sin embargo ¿Hasta donde está usted dispuesto a dejar que la Biblia modifique su tradicional e insuficiente sistema de creencia?
De la amistad entre Dios y Abraham
En la Biblia Abraham goza de una titularidad singular, pero generalmente mal interpretada, él es llamado: "amigo de Dios".
De las tres oportunidades en las que se alude a Abraham de este modo la más legítima es aquella en la que Dios mismo declara: "Abraham mi amigo". (Is.41:8.)
Ser amigo de Dios es inusual a la mente cristiana, esto se debe a que en el creyente esta idea linda con las relaciones comunes.
El cristiano promedio circunscribe su relación con Dios en términos "espirituales" y místicos, porque piensa que ese es el modo más coherente para tratar con la Divinidad.
Aunque el cristiano sabe, por ejemplo, que el Señor descendió al encinar de Mamre a hablar con Abraham (Gn.18.) no deja de sonar raro si uno comenta que Dios:
-estuvo con un hombre en la tierra,
-en un día caluroso,
-debajo de una arboleda,
-le lavaron los pies con agua fresca,
-conversó alegremente,
-comió cordero asado recostado en el suelo,
-bebió
-comió pan
-etc.
Los cristianos no pueden aceptar que Dios posea un carácter tan accesible y sea tan condescendiente sin que sus corazones pongan muchas objeciones. Por raro que sea a nuestra mente Dios es quien se acerca al hombre con un propósito bien definido: relacionarse con nosotros.
Lo mismo que sucede en el castellano, el término hebreo "amigo" (heb. "reah") es genérico, pero de connotaciones y filiaciones profundas. "Amigo" denota (ya para los hebreos como para los timbúes) una persona con la cual se mantiene una relación de valores recíprocos.
En cualquier amistad, la fidelidad, la lealtad, y el amor recíproco son determinantes, en la amistad con Dios también:
"Si me amáis guardad mis mandamientos"
"Vosotros sois mis amigos se hacéis lo que yo os mando."
Se diría, pues, que entre Dios y Abraham había una relación recíproca que posibilitaba una creciente comunión, y una profunda amistad. Pero teniendo en cuenta la desigualdad de condiciones entre Dios y un mero hombre ¿Qué grado de reciprocidad podía existir entre Jehová y Abraham?
Debemos examinar la vida de Abraham en función de establecer el grado de obediencia recíproca a la voz de Dios.
Estando Abram en Ur, casado con Sara, Dios le había dicho que se fuera de su tierra (su nación) y de su parentela (su familia).
Abram no lo hizo exactamente como Dios se lo había pedido porque:
1-Toda la familia comenzó el traslado a Canaan en vez de solamente Abram y Sara.
2-Emprendido el viaje a Canaan con toda la prole, Taré se queda a mitad de camino no accediendo a ir más allá de Harán, donde efectivamente planta su tienda. (Ur todavía estaba relativamente cerca).
3-Abram, en vez de separarse y seguir su camino hacia Canaan, y dejar a su padre con su decisión tomada, se queda junto a él en Harán.
4-Abram no se quedó un par de días en Harán, tampoco se quedó un par de meses. Abram se quedó en Harán hasta que Taré murió en buena vejez, 205 años. ("yerba mala nunca muere").
Esta decisión ocasiona una demora, por así decirlo, de no menos de cincuenta años con respecto al llamado que Dios le había hecho a Abram en Babilonia.
Con respecto a la personalidad de Dios llama la atención que en cincuenta años de espera no hay ni un solo reproche…
Naturalmente, durante todo ese tiempo en Harán, era Taré el que llevaba la dignidad de Padre sobre la gran familia, era él el que tradicionalmente llevaba "la sartén por el mango", quedando así Abram a la merced de él. En tales circunstancias, Sara, con un esposo tan dócil e ingenuo, y con un suegrito de esta categoría, todavía llamaba a Abram "Señor", sujetándose a él, y reconociendo su autoridad.
Para Abram no había sido suficiente el hacerse cargo de papá durante los últimos cincuenta años demorando a Dios, digamos, en cuanto a Sus demandas. Después de la muerte de Taré, Abraham, un hombre bonachón, y excesivamente compasivo, desoye nuevamente a la voz de Dios y se lleva a Lot con él…
Abraham no lo sabía, y acaso hasta se le quitó un gran peso del corazón al dejar Harán para ir a Canaan, pero esta acción benevolente en favor de Lot, ya lo había deshabilitado para con Dios nuevamente. El plan de Dios iba a quedar en suspenso hasta que Lot saliera de al lado de Abraham, o mejor dicho, hasta que Abraham se despegara de ese indefenso sobrinito, el que mismo que al fin resultó ser desagradecido y flor de rufián.
Desde que Abraham se había casado en Ur con Sara, el llamado de Dios era potencialmente posible. De modo que, según la cultura, Abram podría haber dejado Babilonia a los veinticinco años de edad y estar en Canaan para los veintiséis. En lugar de esto Abram ahora tiene más de 80 años y está a punto de comenzar con lo que Dios quería.
Después de esto la Biblia pondera algunas actitudes, pero no disimula otros errores: Egipto, Agar, Abimelec.
No pretendo resaltar los defectos, ni dar un gesto pragmático. Lo que pretendo resaltar con todo esto es:
-La grandeza del poder de Dios en cuanto a cumplir lo que él desea cumplir.
-Su amor incondicional.
-Su paciencia.
-Su fidelidad a Su Palabra.
Esto es menos una exhortación a la diligencia cristiana, y más un encomio a la longanimidad Divina.
Si una amistad implica tener ciertas cosas en común con alguien, entonces lo que mantenía la amistad entre Dios y Abraham no era una recíproca perfección, porque esta siempre habría encontrado una gran dificultad en la parte humana. Lo que mantuvo esta amistad durante más de ciento cincuenta años fue la fidelidad del Primero hacia el segundo.
Cristo nos demuestra que Su amistad hacia cada uno de nosotros se basa en Su Fidelidad. Que nosotros le amemos es apenas normal.
Dios nos enseña que su Amor es una acción en virtud de la cual se busca no un beneficio para el otro, sino el mayor beneficio posible.
Dios y yo nos entendemos en esto: él me ama.
De las tres oportunidades en las que se alude a Abraham de este modo la más legítima es aquella en la que Dios mismo declara: "Abraham mi amigo". (Is.41:8.)
Ser amigo de Dios es inusual a la mente cristiana, esto se debe a que en el creyente esta idea linda con las relaciones comunes.
El cristiano promedio circunscribe su relación con Dios en términos "espirituales" y místicos, porque piensa que ese es el modo más coherente para tratar con la Divinidad.
Aunque el cristiano sabe, por ejemplo, que el Señor descendió al encinar de Mamre a hablar con Abraham (Gn.18.) no deja de sonar raro si uno comenta que Dios:
-estuvo con un hombre en la tierra,
-en un día caluroso,
-debajo de una arboleda,
-le lavaron los pies con agua fresca,
-conversó alegremente,
-comió cordero asado recostado en el suelo,
-bebió
-comió pan
-etc.
Los cristianos no pueden aceptar que Dios posea un carácter tan accesible y sea tan condescendiente sin que sus corazones pongan muchas objeciones. Por raro que sea a nuestra mente Dios es quien se acerca al hombre con un propósito bien definido: relacionarse con nosotros.
Lo mismo que sucede en el castellano, el término hebreo "amigo" (heb. "reah") es genérico, pero de connotaciones y filiaciones profundas. "Amigo" denota (ya para los hebreos como para los timbúes) una persona con la cual se mantiene una relación de valores recíprocos.
En cualquier amistad, la fidelidad, la lealtad, y el amor recíproco son determinantes, en la amistad con Dios también:
"Si me amáis guardad mis mandamientos"
"Vosotros sois mis amigos se hacéis lo que yo os mando."
Se diría, pues, que entre Dios y Abraham había una relación recíproca que posibilitaba una creciente comunión, y una profunda amistad. Pero teniendo en cuenta la desigualdad de condiciones entre Dios y un mero hombre ¿Qué grado de reciprocidad podía existir entre Jehová y Abraham?
Debemos examinar la vida de Abraham en función de establecer el grado de obediencia recíproca a la voz de Dios.
Estando Abram en Ur, casado con Sara, Dios le había dicho que se fuera de su tierra (su nación) y de su parentela (su familia).
Abram no lo hizo exactamente como Dios se lo había pedido porque:
1-Toda la familia comenzó el traslado a Canaan en vez de solamente Abram y Sara.
2-Emprendido el viaje a Canaan con toda la prole, Taré se queda a mitad de camino no accediendo a ir más allá de Harán, donde efectivamente planta su tienda. (Ur todavía estaba relativamente cerca).
3-Abram, en vez de separarse y seguir su camino hacia Canaan, y dejar a su padre con su decisión tomada, se queda junto a él en Harán.
4-Abram no se quedó un par de días en Harán, tampoco se quedó un par de meses. Abram se quedó en Harán hasta que Taré murió en buena vejez, 205 años. ("yerba mala nunca muere").
Esta decisión ocasiona una demora, por así decirlo, de no menos de cincuenta años con respecto al llamado que Dios le había hecho a Abram en Babilonia.
Con respecto a la personalidad de Dios llama la atención que en cincuenta años de espera no hay ni un solo reproche…
Naturalmente, durante todo ese tiempo en Harán, era Taré el que llevaba la dignidad de Padre sobre la gran familia, era él el que tradicionalmente llevaba "la sartén por el mango", quedando así Abram a la merced de él. En tales circunstancias, Sara, con un esposo tan dócil e ingenuo, y con un suegrito de esta categoría, todavía llamaba a Abram "Señor", sujetándose a él, y reconociendo su autoridad.
Para Abram no había sido suficiente el hacerse cargo de papá durante los últimos cincuenta años demorando a Dios, digamos, en cuanto a Sus demandas. Después de la muerte de Taré, Abraham, un hombre bonachón, y excesivamente compasivo, desoye nuevamente a la voz de Dios y se lleva a Lot con él…
Abraham no lo sabía, y acaso hasta se le quitó un gran peso del corazón al dejar Harán para ir a Canaan, pero esta acción benevolente en favor de Lot, ya lo había deshabilitado para con Dios nuevamente. El plan de Dios iba a quedar en suspenso hasta que Lot saliera de al lado de Abraham, o mejor dicho, hasta que Abraham se despegara de ese indefenso sobrinito, el que mismo que al fin resultó ser desagradecido y flor de rufián.
Desde que Abraham se había casado en Ur con Sara, el llamado de Dios era potencialmente posible. De modo que, según la cultura, Abram podría haber dejado Babilonia a los veinticinco años de edad y estar en Canaan para los veintiséis. En lugar de esto Abram ahora tiene más de 80 años y está a punto de comenzar con lo que Dios quería.
Después de esto la Biblia pondera algunas actitudes, pero no disimula otros errores: Egipto, Agar, Abimelec.
No pretendo resaltar los defectos, ni dar un gesto pragmático. Lo que pretendo resaltar con todo esto es:
-La grandeza del poder de Dios en cuanto a cumplir lo que él desea cumplir.
-Su amor incondicional.
-Su paciencia.
-Su fidelidad a Su Palabra.
Esto es menos una exhortación a la diligencia cristiana, y más un encomio a la longanimidad Divina.
Si una amistad implica tener ciertas cosas en común con alguien, entonces lo que mantenía la amistad entre Dios y Abraham no era una recíproca perfección, porque esta siempre habría encontrado una gran dificultad en la parte humana. Lo que mantuvo esta amistad durante más de ciento cincuenta años fue la fidelidad del Primero hacia el segundo.
Cristo nos demuestra que Su amistad hacia cada uno de nosotros se basa en Su Fidelidad. Que nosotros le amemos es apenas normal.
Dios nos enseña que su Amor es una acción en virtud de la cual se busca no un beneficio para el otro, sino el mayor beneficio posible.
Dios y yo nos entendemos en esto: él me ama.
El canto del gallo
El ocaso del martes vio entrar la ciudad amada en solemne conmemoración.
La casa de familia tenía huéspedes menos inusuales y más honorables en el gran aposento de arriba.
En el aposento alto Dios come la pascua con doce hombres, mientras tanto Satanás espera el momento oportuno, que será el del bocado de honor.
Reclinados en el suelo en almohadones, sobre una mesa baja, la charla discurre y en algún momento se torna en una discusión necia. El infame asunto se resuelve con maestría; Jesús se levanta, deja su manto, se ciñe la toalla y lava uno a uno los pies de los discípulos, (y también los de Judas.)
Pedro se opone a una cosa tan inverosímil, acaso por lo que representa el hecho de Quién es el que le lava sus pies, pero también porque sabe que si él permite que el Dios hecho carne le haga esto él también deberá tener esta actitud para con su prójimo…finalmente cede al humillante servicio, pero no por amor, sino por temor.
La noche llega, la mayoría de los judíos han dado satisfactorio término al cumplimiento del memorial milenario que les recuerda año tras año cómo Jehová redimió al pueblo amado e insignificante de la esclavitud para darles libertad y vida en abundancia. Pero solo unos pocos, es decir, once, escuchan aquella noche las palabras inefables del Maestro.
Jesús retoma su propio discurso dicho una vez a Jeremías y les trae mención del Nuevo Pacto, del cual la iglesia no es primicia, pero es indirecta beneficiaria.
Antes de proseguir, no obstante, el Santo repele el corazón defectuoso e insincero de uno que ya se ha vendido a hacer lo malo. Así Judas y Satanás salen juntos del aposento, y por la misma puerta toman la escalera que baja.
Abajo, el ingrato y vil hombre no agradece ni saluda al padre de familia, ni considera al joven Juan Marcos, ni da cuenta de los servicios a María. Arriba tampoco había agradecido ni el aire que respiraba al Creador y Sustentador del universo. Se agradece, en cambio, a sí mismo, por ser tan arrojado en su empresa y probablemente se halaga y se felicita en sus maquinaciones. Furtivo se mueve entre las sombras de la noche y sigiloso va meditando mal y pensando en el premio de la maldad.
En el aposento el Señor se regocija con los que están decididos a amarle. Da nuevo significado a cierto pan y a cierta copa, e instituye el memorial sempiterno de su muerte salvadora.
La breve ceremonia no agota el tiempo, y el Maestro prosigue su discurso:
"Hijitos, aún estaré con vosotros un poco. Me buscaréis; pero como dije a los judíos, así os digo ahora a vosotros: A donde yo voy, vosotros no podéis ir. Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros." (Jn.)
Pedro, acaso herido íntimamente en su orgullo por estas palabras, en vez de callar y humillarse, encuentra un lugar para reivindicarse y con el corazón inflamado de ego declara:
"Señor, ¿a dónde vas?" (queriendo decir acaso, ¿no sabes que aquí cuentas con alguien magnífico y único, superior a todos estos?)
Jesús le respondió aquello que precisamente Pedro no quería escuchar, o sea, el rechazo momentáneo de su fiel ayuda…
"A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; mas me seguirás después. Le dijo Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? Mi vida pondré por ti… Jesús le respondió: ¿Tu vida pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo: No cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces." (Jn.)
"Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos. El le dijo: Señor, dispuesto estoy a ir contigo no sólo a la cárcel, sino también a la muerte. Y él le dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces." (Lc.)
El Señor les explica con moderación, sin aprovecharse de la situación crítica, que es necesario que esto acontezca, y con paciencia y ternura repite y afirma las cosas sabidas y esenciales que sustentan las frágiles almas que se encierran dentro de los hombrecillos de barro.
Se concluye la reunión con un canto de alabanza, y siendo tarde en la noche, más tarde de lo normal, Jesús ordena: "Levantaos, vamos de aquí."
Bajan todos, y el cuarto solitario y amplio queda en silencio, a la luz de la velas. A ese cuarto volverá Jesús, más no subirá por escaleras, ni entrará por puertas.
Ahora caminan por las callejuelas de Jerusalén, en dirección al Templo. Las noches son frías en esa época del año, y las calles desiertas a esas horas de la noche.
En las sombrías sendas, a la luz de la luna llena (cíclica y perfecta para esa noche) el Señor declara:
"Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas. Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea." (Mt.)
El orgullo de Simón el pescador no puede sufrir otra vez esta afrenta e insiste por tercera vez ya:
"Respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos se escandalicen de ti, yo no, yo nunca me escandalizaré. Jesús le dijo: De cierto te digo que tú, hoy, en esta noche, antes que el gallo cante, antes que el gallo haya cantado dos veces me negarás tres veces. Más él con mayor insistencia decía: Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo." (Mt. Mr.)
Jesús no responde a esto, sabe el futuro, y lo ha dicho de antemano para que cuando ocurra crean en Él.
Llegando al pórtico del Templo Jesús declara: "Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador…"
Prosigue su discurso camino al monte de los olivos, y declara que la máxima expresión del amor verdadero (agapao) es aquella que se manifiesta en dar la vida por los amigos. Pedro cree que tiene esta clase de amor, pero no sabe que su amor aún no es de semejante excelencia. Pedro pretende tener este amor, pero aún no puede concebirlo, sabe que su Maestro es digno de este amor, y piensa que este no se ha dado cuenta de que él pretende brindárselo con efusividad y valía. Por lo tanto, de dos espadas que se reparten entre once hombres él es seguro y ávido portador de una de ellas…
La hora ha llegado, se produce una revuelta de ardores carnales y Pedro rubrica la impronta de su celo a machetazos. El Señor hace saber que de ser necesario podría convocar más de doce legiones de ángeles (o sea, más de setenta y dos mil, tal como se entendía en aquel tiempo) para que defiendan a los suyos, (no a Él, claro está, Dios no necesita de guardia, por eso pediría a los soldados que dejaran ir a ellos en libertad…)
Todos los que se habían comprometido en ir a la muerte con honor y lealtad se esfumaron fracasando rotundamente a la hora de mostrar esa clase de amor que lleva a dar la vida por el amado.
Pedro todavía porfía con el Señor y lo sigue (de lejos) para demostrarle que debería haber hecho una excepción cuando dijo: "todos vosotros os escandalizareis de mí esta noche" Pedro es diferente… y no le gusta que le digan que es como todos los demás.
Aún es la madrugada, y los hombres ya han apresado al Todopoderoso con cuerdas, ¡¿Qué cosa?! Sí, salieron con antorchas y linternas a Aquel que es la Luz del mundo…
En un rato el juicio contra Dios ha comenzado, pero el aparato jurídico fracasa (porque Dios es el Juez de todos).
Dios espera la sentencia en el banquillo de los acusados…
En su declaración, la Verdad declara la verdad, pero la justicia humana dictamina lo inverosímil: Dios es culpable, y ya le van dando el pago anticipadamente con puñetazos, escupidas, y con otras deshonras y vilezas.
Mientras tanto Pedro está abajo, en el patio de la hermosa residencia/comisaría del juez/gobernador/sacerdote de turno.
La compañía de los viles está reunida a la salida del "juzgado" para vocear la victoria ni bien se concluya con la parte burocrática.
"Y habiendo ellos encendido fuego en medio del patio, se sentaron alrededor; y Pedro se sentó también entre ellos."
1° Negación:
"Estando Pedro (fuera, (Mt.) abajo, en el patio, vino una de las criadas del sumo sacerdote; y cuando vio a Pedro que se calentaba, (se le acercó, y (Mt.) mirándole, dijo: Tú también estabas con (el Galileo (Mt.), Jesús el nazareno. Mas él negó, (delante de todos (Mt.) diciendo: No le conozco, ni sé lo que dices. Y salió a la entrada; (a la puerta (Mt.) y cantó el gallo." (Mr).
El gallo canta por vez primera en la mañana pero a Pedro no le importa, recuerda lo que se le ha dicho pero pretende ser el primero en la historia en torcer el destino nefasto de los necios el cual es como de hierro y contra el cual no hay fuerza capaz de deshacerlo.
Es de madrugada, reina el silencio, solo el chasquido del fuego se escucha en el patio. Ese patio es, en la madrugada, la escena principal del Cielo y del Averno, ángeles y demonios se agolpan en él…Pedro, el estoico Pedro vuelve a la carga, su orgullo no puede ser manchado. Su pretendido "amor" no es más que vanidad y egoísmo, una carrera alocada hacia el quebranto.
2° Negación:
"Y la criada, viéndole otra vez, comenzó a decir a los que estaban allí: Este es de ellos,(Mr) También éste estaba con Jesús el nazareno.(Mt) Un poco después, viéndole otro, dijo: Tú también eres de ellos. Y Pedro dijo: Hombre, no lo soy…y (Lc) negó otra vez (Mr) con juramento: No conozco al hombre" (Mt.)
Entre tanto el Señor es trasladado al patio, para darle curso "legal" al resto del proceso, pero de momento el Señor tiene en mente y corazón otra cosa. Pedro debe aprender a ser humilde.
3° Negación:
Como una hora después, otro afirmaba, diciendo: Verdaderamente también éste estaba con él, porque es galileo.(Lc) Y poco después, los que estaban allí dijeron otra vez a Pedro: Verdaderamente tú eres de ellos; porque eres galileo, y tu manera de hablar es semejante a la de ellos.(Mr) Uno de los siervos del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro había cortado la oreja, le dijo: ¿No te vi yo en el huerto con él? (Jn.) Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco a este hombre de quien habláis.(Mr.) Y en seguida, mientras él todavía hablaba, el gallo cantó la segunda vez. Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: Antes que el gallo cante (Lc.) dos veces (Mr.), me negarás tres veces. Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente…(Lc.)
La máxima expresión del amor verdadero y Divino fue publicada oficialmente a las nueve de la mañana, cuando clavaron al Señor en la cruz. Allí permaneció hasta las tres de la tarde, cuando expiró. Sobre su cabeza una tabla manuscrita declaraba lo que pocos entendían en el lenguaje universal (griego), en la lengua regional (hebreo), y en el lenguaje de la jurisprudencia romana (latín).
Pedro y casi todos los otros se hallaban derrotados, y como suele sucederles a los hombres insensatos, estaban dolidos en su orgullo de no tener el poder en sus manos para hacer estrago en sus enemigos. Todos se lamentaban de no poder ser poderosos, nobles y sabios, todos al verse a sí mismos se lamentaban de su desventurada suerte de simples y sencillos hombres del motón. Todos, o casi todos.
¿Qué pasaría con Pedro? ¿Tenía la lección pendiente aún? Estaba predicho que pasaría este valle y que una vez superado el problema podría confirmar al resto de los hermanos.
"Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Dídimo, Natanael el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos. 3Simón Pedro les dijo: Voy a pescar. Ellos le dijeron: Vamos nosotros también contigo. Fueron, y entraron en una barca; y aquella noche no pescaron nada.
4Cuando ya iba amaneciendo, se presentó Jesús en la playa; mas los discípulos no sabían que era Jesús. 5Y les dijo: Hijitos, ¿tenéis algo de comer? Le respondieron: No. 6El les dijo: Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis. Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de peces. 7Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: ¡Es el Señor! Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se ciñó la ropa (porque se había despojado de ella), y se echó al mar. 8Y los otros discípulos vinieron con la barca, arrastrando la red de peces, pues no distaban de tierra sino como doscientos codos. (100 metros)
9Al descender a tierra, vieron brasas puestas, y un pez encima de ellas, y pan. 10Jesús les dijo: Traed de los peces que acabáis de pescar. 11Subió Simón Pedro, y sacó la red a tierra, llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres; y aun siendo tantos, la red no se rompió. 12Les dijo Jesús: Venid, comed. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Tú, quién eres? sabiendo que era el Señor. 13Vino, pues, Jesús, y tomó el pan y les dio, y asimismo del pescado. 14Esta era ya la tercera vez que Jesús se manifestaba a sus discípulos, después de haber resucitado de los muertos.
15Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos. 16Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. 17Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas." (Jn.)
El Señor pregunta a Pedro la primera vez si este lo ama con el amor verdadero (agapao). Pedro acaso se sincera expresando su amor con otra palabra (fileo) que no refleja el amor verdadero (agapao)
Jesús resucitado vuelve a hacer la misma pregunta y Pedro vuelve a dar idéntica respuesta.
Por tercera y última, cuando Pedro ya estaba bastante humillado, Jesús pregunta a Pedro si solo lo ama con ese amor humano, si ese amor humano (fileo) es todo lo que sentía por él.
A esto Pedro contesta lastimeramente que sí, diciendo:
Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. O sea: "tu ya sabes que solo tengo un gran afecto por ti que me ha fallado a la hora de la crisis. No tengo ese amor del cual eres digno, (agapao) me doy cuenta que no lo tengo…tu lo sabes ya…tu lo sabes todo."
Antes Pedro no estaba en condiciones de seguir al Señor como el Señor deseaba, por lo que dijo a Pedro: ahora no, más me seguirás después. Pero ahora, a renglón seguido, el Señor dice a Pedro: "…Sígueme…" Pedro fue humillado y quebrantado.
En el futuro se lo ve a Pedro irradiar ese amor que tanto anhelaba tener para amar a Dios con toda su alma, con toda su mente y con todas sus fuerzas. Pero antes tuvo grandes amarguras… (¿y acaso importan ellas?)
Ahora bien, usted y yo seguramente deseamos amar a Dios como Él se lo merece, pero fracasamos. Lo negamos, lloramos amargamente, vivimos angustiados, suspiramos cada día, gemimos hasta el hartazgo en nuestros corazones, nos preguntan que nos pasa y no sabemos explicarlo, nos recluimos, nos vamos, declinamos, nos afanamos en esa ansiosa búsqueda de hallar y cultivar esa clase de amor…y aún así, muchas veces no llega.
Estoy seguro que hasta el día en que lo logremos escucharemos la misma voz tierna y oportuna: "Sígueme".
Es menester, pues, continuar.
La casa de familia tenía huéspedes menos inusuales y más honorables en el gran aposento de arriba.
En el aposento alto Dios come la pascua con doce hombres, mientras tanto Satanás espera el momento oportuno, que será el del bocado de honor.
Reclinados en el suelo en almohadones, sobre una mesa baja, la charla discurre y en algún momento se torna en una discusión necia. El infame asunto se resuelve con maestría; Jesús se levanta, deja su manto, se ciñe la toalla y lava uno a uno los pies de los discípulos, (y también los de Judas.)
Pedro se opone a una cosa tan inverosímil, acaso por lo que representa el hecho de Quién es el que le lava sus pies, pero también porque sabe que si él permite que el Dios hecho carne le haga esto él también deberá tener esta actitud para con su prójimo…finalmente cede al humillante servicio, pero no por amor, sino por temor.
La noche llega, la mayoría de los judíos han dado satisfactorio término al cumplimiento del memorial milenario que les recuerda año tras año cómo Jehová redimió al pueblo amado e insignificante de la esclavitud para darles libertad y vida en abundancia. Pero solo unos pocos, es decir, once, escuchan aquella noche las palabras inefables del Maestro.
Jesús retoma su propio discurso dicho una vez a Jeremías y les trae mención del Nuevo Pacto, del cual la iglesia no es primicia, pero es indirecta beneficiaria.
Antes de proseguir, no obstante, el Santo repele el corazón defectuoso e insincero de uno que ya se ha vendido a hacer lo malo. Así Judas y Satanás salen juntos del aposento, y por la misma puerta toman la escalera que baja.
Abajo, el ingrato y vil hombre no agradece ni saluda al padre de familia, ni considera al joven Juan Marcos, ni da cuenta de los servicios a María. Arriba tampoco había agradecido ni el aire que respiraba al Creador y Sustentador del universo. Se agradece, en cambio, a sí mismo, por ser tan arrojado en su empresa y probablemente se halaga y se felicita en sus maquinaciones. Furtivo se mueve entre las sombras de la noche y sigiloso va meditando mal y pensando en el premio de la maldad.
En el aposento el Señor se regocija con los que están decididos a amarle. Da nuevo significado a cierto pan y a cierta copa, e instituye el memorial sempiterno de su muerte salvadora.
La breve ceremonia no agota el tiempo, y el Maestro prosigue su discurso:
"Hijitos, aún estaré con vosotros un poco. Me buscaréis; pero como dije a los judíos, así os digo ahora a vosotros: A donde yo voy, vosotros no podéis ir. Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros." (Jn.)
Pedro, acaso herido íntimamente en su orgullo por estas palabras, en vez de callar y humillarse, encuentra un lugar para reivindicarse y con el corazón inflamado de ego declara:
"Señor, ¿a dónde vas?" (queriendo decir acaso, ¿no sabes que aquí cuentas con alguien magnífico y único, superior a todos estos?)
Jesús le respondió aquello que precisamente Pedro no quería escuchar, o sea, el rechazo momentáneo de su fiel ayuda…
"A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; mas me seguirás después. Le dijo Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? Mi vida pondré por ti… Jesús le respondió: ¿Tu vida pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo: No cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces." (Jn.)
"Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos. El le dijo: Señor, dispuesto estoy a ir contigo no sólo a la cárcel, sino también a la muerte. Y él le dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces." (Lc.)
El Señor les explica con moderación, sin aprovecharse de la situación crítica, que es necesario que esto acontezca, y con paciencia y ternura repite y afirma las cosas sabidas y esenciales que sustentan las frágiles almas que se encierran dentro de los hombrecillos de barro.
Se concluye la reunión con un canto de alabanza, y siendo tarde en la noche, más tarde de lo normal, Jesús ordena: "Levantaos, vamos de aquí."
Bajan todos, y el cuarto solitario y amplio queda en silencio, a la luz de la velas. A ese cuarto volverá Jesús, más no subirá por escaleras, ni entrará por puertas.
Ahora caminan por las callejuelas de Jerusalén, en dirección al Templo. Las noches son frías en esa época del año, y las calles desiertas a esas horas de la noche.
En las sombrías sendas, a la luz de la luna llena (cíclica y perfecta para esa noche) el Señor declara:
"Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas. Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea." (Mt.)
El orgullo de Simón el pescador no puede sufrir otra vez esta afrenta e insiste por tercera vez ya:
"Respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos se escandalicen de ti, yo no, yo nunca me escandalizaré. Jesús le dijo: De cierto te digo que tú, hoy, en esta noche, antes que el gallo cante, antes que el gallo haya cantado dos veces me negarás tres veces. Más él con mayor insistencia decía: Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo." (Mt. Mr.)
Jesús no responde a esto, sabe el futuro, y lo ha dicho de antemano para que cuando ocurra crean en Él.
Llegando al pórtico del Templo Jesús declara: "Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador…"
Prosigue su discurso camino al monte de los olivos, y declara que la máxima expresión del amor verdadero (agapao) es aquella que se manifiesta en dar la vida por los amigos. Pedro cree que tiene esta clase de amor, pero no sabe que su amor aún no es de semejante excelencia. Pedro pretende tener este amor, pero aún no puede concebirlo, sabe que su Maestro es digno de este amor, y piensa que este no se ha dado cuenta de que él pretende brindárselo con efusividad y valía. Por lo tanto, de dos espadas que se reparten entre once hombres él es seguro y ávido portador de una de ellas…
La hora ha llegado, se produce una revuelta de ardores carnales y Pedro rubrica la impronta de su celo a machetazos. El Señor hace saber que de ser necesario podría convocar más de doce legiones de ángeles (o sea, más de setenta y dos mil, tal como se entendía en aquel tiempo) para que defiendan a los suyos, (no a Él, claro está, Dios no necesita de guardia, por eso pediría a los soldados que dejaran ir a ellos en libertad…)
Todos los que se habían comprometido en ir a la muerte con honor y lealtad se esfumaron fracasando rotundamente a la hora de mostrar esa clase de amor que lleva a dar la vida por el amado.
Pedro todavía porfía con el Señor y lo sigue (de lejos) para demostrarle que debería haber hecho una excepción cuando dijo: "todos vosotros os escandalizareis de mí esta noche" Pedro es diferente… y no le gusta que le digan que es como todos los demás.
Aún es la madrugada, y los hombres ya han apresado al Todopoderoso con cuerdas, ¡¿Qué cosa?! Sí, salieron con antorchas y linternas a Aquel que es la Luz del mundo…
En un rato el juicio contra Dios ha comenzado, pero el aparato jurídico fracasa (porque Dios es el Juez de todos).
Dios espera la sentencia en el banquillo de los acusados…
En su declaración, la Verdad declara la verdad, pero la justicia humana dictamina lo inverosímil: Dios es culpable, y ya le van dando el pago anticipadamente con puñetazos, escupidas, y con otras deshonras y vilezas.
Mientras tanto Pedro está abajo, en el patio de la hermosa residencia/comisaría del juez/gobernador/sacerdote de turno.
La compañía de los viles está reunida a la salida del "juzgado" para vocear la victoria ni bien se concluya con la parte burocrática.
"Y habiendo ellos encendido fuego en medio del patio, se sentaron alrededor; y Pedro se sentó también entre ellos."
1° Negación:
"Estando Pedro (fuera, (Mt.) abajo, en el patio, vino una de las criadas del sumo sacerdote; y cuando vio a Pedro que se calentaba, (se le acercó, y (Mt.) mirándole, dijo: Tú también estabas con (el Galileo (Mt.), Jesús el nazareno. Mas él negó, (delante de todos (Mt.) diciendo: No le conozco, ni sé lo que dices. Y salió a la entrada; (a la puerta (Mt.) y cantó el gallo." (Mr).
El gallo canta por vez primera en la mañana pero a Pedro no le importa, recuerda lo que se le ha dicho pero pretende ser el primero en la historia en torcer el destino nefasto de los necios el cual es como de hierro y contra el cual no hay fuerza capaz de deshacerlo.
Es de madrugada, reina el silencio, solo el chasquido del fuego se escucha en el patio. Ese patio es, en la madrugada, la escena principal del Cielo y del Averno, ángeles y demonios se agolpan en él…Pedro, el estoico Pedro vuelve a la carga, su orgullo no puede ser manchado. Su pretendido "amor" no es más que vanidad y egoísmo, una carrera alocada hacia el quebranto.
2° Negación:
"Y la criada, viéndole otra vez, comenzó a decir a los que estaban allí: Este es de ellos,(Mr) También éste estaba con Jesús el nazareno.(Mt) Un poco después, viéndole otro, dijo: Tú también eres de ellos. Y Pedro dijo: Hombre, no lo soy…y (Lc) negó otra vez (Mr) con juramento: No conozco al hombre" (Mt.)
Entre tanto el Señor es trasladado al patio, para darle curso "legal" al resto del proceso, pero de momento el Señor tiene en mente y corazón otra cosa. Pedro debe aprender a ser humilde.
3° Negación:
Como una hora después, otro afirmaba, diciendo: Verdaderamente también éste estaba con él, porque es galileo.(Lc) Y poco después, los que estaban allí dijeron otra vez a Pedro: Verdaderamente tú eres de ellos; porque eres galileo, y tu manera de hablar es semejante a la de ellos.(Mr) Uno de los siervos del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro había cortado la oreja, le dijo: ¿No te vi yo en el huerto con él? (Jn.) Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco a este hombre de quien habláis.(Mr.) Y en seguida, mientras él todavía hablaba, el gallo cantó la segunda vez. Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: Antes que el gallo cante (Lc.) dos veces (Mr.), me negarás tres veces. Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente…(Lc.)
La máxima expresión del amor verdadero y Divino fue publicada oficialmente a las nueve de la mañana, cuando clavaron al Señor en la cruz. Allí permaneció hasta las tres de la tarde, cuando expiró. Sobre su cabeza una tabla manuscrita declaraba lo que pocos entendían en el lenguaje universal (griego), en la lengua regional (hebreo), y en el lenguaje de la jurisprudencia romana (latín).
Pedro y casi todos los otros se hallaban derrotados, y como suele sucederles a los hombres insensatos, estaban dolidos en su orgullo de no tener el poder en sus manos para hacer estrago en sus enemigos. Todos se lamentaban de no poder ser poderosos, nobles y sabios, todos al verse a sí mismos se lamentaban de su desventurada suerte de simples y sencillos hombres del motón. Todos, o casi todos.
¿Qué pasaría con Pedro? ¿Tenía la lección pendiente aún? Estaba predicho que pasaría este valle y que una vez superado el problema podría confirmar al resto de los hermanos.
"Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Dídimo, Natanael el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos. 3Simón Pedro les dijo: Voy a pescar. Ellos le dijeron: Vamos nosotros también contigo. Fueron, y entraron en una barca; y aquella noche no pescaron nada.
4Cuando ya iba amaneciendo, se presentó Jesús en la playa; mas los discípulos no sabían que era Jesús. 5Y les dijo: Hijitos, ¿tenéis algo de comer? Le respondieron: No. 6El les dijo: Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis. Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de peces. 7Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: ¡Es el Señor! Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se ciñó la ropa (porque se había despojado de ella), y se echó al mar. 8Y los otros discípulos vinieron con la barca, arrastrando la red de peces, pues no distaban de tierra sino como doscientos codos. (100 metros)
9Al descender a tierra, vieron brasas puestas, y un pez encima de ellas, y pan. 10Jesús les dijo: Traed de los peces que acabáis de pescar. 11Subió Simón Pedro, y sacó la red a tierra, llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres; y aun siendo tantos, la red no se rompió. 12Les dijo Jesús: Venid, comed. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Tú, quién eres? sabiendo que era el Señor. 13Vino, pues, Jesús, y tomó el pan y les dio, y asimismo del pescado. 14Esta era ya la tercera vez que Jesús se manifestaba a sus discípulos, después de haber resucitado de los muertos.
15Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos. 16Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. 17Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas." (Jn.)
El Señor pregunta a Pedro la primera vez si este lo ama con el amor verdadero (agapao). Pedro acaso se sincera expresando su amor con otra palabra (fileo) que no refleja el amor verdadero (agapao)
Jesús resucitado vuelve a hacer la misma pregunta y Pedro vuelve a dar idéntica respuesta.
Por tercera y última, cuando Pedro ya estaba bastante humillado, Jesús pregunta a Pedro si solo lo ama con ese amor humano, si ese amor humano (fileo) es todo lo que sentía por él.
A esto Pedro contesta lastimeramente que sí, diciendo:
Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. O sea: "tu ya sabes que solo tengo un gran afecto por ti que me ha fallado a la hora de la crisis. No tengo ese amor del cual eres digno, (agapao) me doy cuenta que no lo tengo…tu lo sabes ya…tu lo sabes todo."
Antes Pedro no estaba en condiciones de seguir al Señor como el Señor deseaba, por lo que dijo a Pedro: ahora no, más me seguirás después. Pero ahora, a renglón seguido, el Señor dice a Pedro: "…Sígueme…" Pedro fue humillado y quebrantado.
En el futuro se lo ve a Pedro irradiar ese amor que tanto anhelaba tener para amar a Dios con toda su alma, con toda su mente y con todas sus fuerzas. Pero antes tuvo grandes amarguras… (¿y acaso importan ellas?)
Ahora bien, usted y yo seguramente deseamos amar a Dios como Él se lo merece, pero fracasamos. Lo negamos, lloramos amargamente, vivimos angustiados, suspiramos cada día, gemimos hasta el hartazgo en nuestros corazones, nos preguntan que nos pasa y no sabemos explicarlo, nos recluimos, nos vamos, declinamos, nos afanamos en esa ansiosa búsqueda de hallar y cultivar esa clase de amor…y aún así, muchas veces no llega.
Estoy seguro que hasta el día en que lo logremos escucharemos la misma voz tierna y oportuna: "Sígueme".
Es menester, pues, continuar.
"El domingo se casa Peringo"
Imaginemos vivir de acuerdo con el calendario que los griegos utilizaban en los tiempos bíblicos. El calendario lunisolar (ni solar, ni lunar absolutamente) tenía doce meses intercalados de 29 y 30 días cada uno. Las semanas eran de diez días (tres semanas por mes) y los días de la semana no tenían otra designación que la simple sucesión de los números 1º, 2º, 3º, 4º, etcétera, hasta el día décimo de la semana. Los nombres conocidos como "lunes", "martes", "miércoles", "jueves", "viernes", "sábado", y "domingo", no existieron para ellos, ya que fue una invención romana (más específicamente hablando una invención de Constantino) en el año 320 d.C.
Cuando los apóstoles viajaban por Grecia se tenían que ajustar a este calendario, y al salir de ella debían considerar el calendario romano. Fuera del imperio romano cada pueblo atendía su propio calendario. (La universalización del actual calendario Gregoriano comenzó con el impulso de la iglesia Romana en 1582, y terminó de imponerse en el mundo con la aceptación de Turquía, en 1927.)
He verificado que varias versiones de la Biblia (una deslucida revisión de la Reina-Valera 1602 de escasa edición, pero presente aún, la "Biblia Lenguaje Sencillo", la "Nueva Versión internacional Castellana", la R.V.1865, etc.) han colocado la palabra "Domingo" en uno de sus versículos.
Después de realizar cierto estudio e investigación he llegado a algunas conclusiones que desearía compartir humildemente.
El pasaje en cuestión es Ap.1:10. "Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta," (R.V.1909, R.V.1960, Etc.)
Las versiones de brocha gorda a las que me refiero reproducen lo siguiente:
"Yo estaba en el Espíritu en el día de Domingo, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta" (Edición de la versión R.V.1602.)
"Yo fuí en el Espíritu en día de Domingo…" (R.V.1865)
"Pero un domingo, quedé bajo el poder del Espíritu Santo…" (BLS)
"Un domingo, estando yo en comunión con el Espíritu…" (NVIE)
Por lo visto, para algunos traductores el término "día del Señor" y "domingo" son sinónimos intercambiables., y que los cristianos ya han asumido que en la Biblia se enseña que existe el día del Señor, en referencia al día domingo no es ninguna novedad. No obstante yo quisiera que el lector preste mayor atención a lo que sigue de este artículo para que pueda sopesar y discernir este asunto con más detalle.
Si usted es una persona que se huelga en los días domingos atribuyendo a este un significado reglamentario para la vida espiritual, entonces debe ser conciente de ciertas cosas.
Debemos reconocer que tradicionalmente el día Domingo ha sido un día muy nostálgico y popular para el corazón de los cristianos. En dicho día los cristianos se predisponen en una manera especial para adorar, servir a Dios y congregarse, pero la verdad es que este trato preferencial por este día de la semana es algo que no proviene de la enseñanza de las Sagradas Escrituras.
Se diría que, por el contrario, destinar todos los esfuerzos religiosos a un momento o a un día determinado de la semana ha sido la característica de las religiones humanas que tratan de redimir sus culpas y cargos de conciencia descargándolos de un solo golpe, una vez por semana, en la iglesia.
La Biblia enseña que los cristianos tienen, como sacerdotes de Dios, un servicio permanente e ininterrumpido que se desarrolla por medio del templo de sus cuerpos.
No hay ningún versículo en la Biblia que hace mención explícita de algo tal como "domingo". Sí se menciona en una oportunidad (en alusión al calendario hebreo antiguo lunisolar) que "el primer día de la semana" algunos cristianos se reunieron para adorar a Dios, sin embargo el carácter del versículo es meramente informativo, no normativo. (Hch.20:7)
En el caso de (1ªCo.16:2.) lo que se pone de relieve no es "el primer día de la semana",* sino la acción preventiva de juntar una ofrenda (excepcional) aprovechando el hecho de que la iglesia acostumbraba como otras, a congregarse ese día conmemorativo y significativo. (La Biblia nunca dice que la iglesia se debe congregar para conmemorar a Cristo el primer día de la semana, pero sí dice que se debe congregar a conmemorar su muerte, y esto, sin calendario.)
Más allá de un mérito innovador de estas versiones, lo que salta a la vista es la utilización de un término totalmente extemporáneo y ajeno al contexto de la Biblia (domingo). Es muy raro pensar que Juan pensara en un concepto tal como lo es el "domingo" cuando este no sería inventado sino 230 años más tarde, por Constantino (con fines religiosos romanos). Craso error de los traductores.
Más allá del romanticismo que une a los cristianos con el domingo a lo largo de la tradición cristiana, el término "el día del Señor" posee un significado que la misma Palabra de Dios ya le tiene claramente asignado desde el A.T.
Así, pues, "el día del Señor" no es otro que "el día de Jehová", evento ampliamente referenciado por los profetas que señalaban el período en el cual Dios comenzará a traer sus juicios a la tierra. (Is.13:6,9; Ez.13.5; 30:3; Joel 1, 2, 3; Amos 5:18-20; Abdías 1:15; Sofonías 1:7; Zacarías 14:1; Malaquías 4:5.)
Siendo el tal término un concepto meramente escatológico, es muy natural que reaparezca en un libro como lo es Apocalipsis.
El mismo término surge en otras partes del N.T. bajo la misma designación y en referencia al cumplimiento de los eventos futuros. (Hch.2:20; 1ªTes.5:2; 2ªTes.2:2; 2ªPe.3:10.) También aparece una vez como "el día de Dios" (2ªPe.3:12.) pero no hay que confundirlo con "el día de Cristo", "el día del Señor Jesús", o "el día de nuestro Señor" (1ªCo.1:8; 5:5; 2ªCo.1:14; Fil.1:10; 2:16.) porque estas alusiones se relacionan con la parusía o presencia permanente de Cristo con sus santos tras el arrebatamiento que pone fin a la era de la Gracia.
Es decir que en la Biblia nunca, ni siquiera remotamente, "el día del Señor" significa el día domingo. Jamás.
Primero, como se dijo recién, por su significado escatológico. Segundo: Por su significado filológico:
El término "el día del Señor" es exclusivo de la cultura hebrea, estando relacionado con la revelación de las Escrituras.
Para la cultura griega este concepto es totalmente foráneo. En el calendario griego, por ejemplo, no existe una designación tal como "el día del Señor" para referirse al séptimo día de la semana. Para ellos era simplemente el séptimo día de los diez días que tenía su semana.
Tampoco hay entre las fechas religiosas griegas algo semejante a "el día del Señor". De manera que el concepto es netamente hebreo, y hace referencia no a un día de la semana, sino al juicio público de Dios anunciado desde el A.T. Juicio que perjudicará esencialmente al poder gentil para luego establecer el Reino literal.
Tercero: por su significado etimológico y morfológico:
En griego, la frase en cuestión es:
εγενομην εν πνευματι εν τη κυριακη ημερα
yo estaba en (el) espíritu en el del Señor día
Lo que es traducido burdamente como "Domingo" es una celosa y muy delicada declaración: "κυριακη ημερα" (Kuriake hemera)
Κυριακη: (Kuriake > kuriakos) es un adjetivo que indica algo perteneciente al Señor. Algo que está en el dominio del Señor (en este caso el período o "día" de juicio que será luego descrito en Apocalipsis.)
Ημερα: (hemera) la acepción más elemental es simplemente "día". Pero en el contexto de Ap.1:10 es mejor comprenderlo en otra de sus acepciones, como "un período de duración indefinida marcado por ciertas características…así como el día arroja luz sobre las cosas que han estado en tinieblas, la palabra se asocia a menudo con el pronunciamiento de juicio sobre circunstancias." (W.E.Vine)
La claridad y la sencillez del texto Sagrado en todas las formas en que se lo aborde, y juntamente con las referencias del A.T. y N.T. no admiten la posibilidad de que esta frase reservada para hacer referencia al tiempo de los juicios manifiestos de Dios (tribulación y gran tribulación) pueda convertirse en una cándida declaración de tono dominical.
En la mente y en el designio revelado por Dios hay un concepto claro y ese concepto es "Juicio", no "Domingo". Es alarmante que la gran mayoría de los cristianos (e incluso pastores) crean leer "bendición" ahí donde se declara "maldición".
Me pregunto qué grado de culpabilidad hay en los cristianos que creen erróneamente que el domingo es "el día del Señor", cuando hay tantas versiones equivocadas de la Biblia que lo enseñan, y cuando los líderes no lo advertimos.
Con todo lo bueno que es el tener un día de la semana en nuestro calendario pagano en el que se puede descansar, estar con la familia, y aprovechar para congregarse, hay que enseñar con la Biblia que cada día el Señor puede ser el centro de nuestra vida.
* Fuera de Israel, la mayoría de las iglesias de aquella época eran de base judía, de modo que predominaba el uso del calendario hebreo antiguo (de siete días). En lugares como Corinto podría haber estado vigente el calendario Romano (el calendario Juliano de siete días). Recién en el 320 d.C. se designaría y consagraría un día Domingo, por decreto de Constantino con fines más bien paganos que cristianos.
Cuando los apóstoles viajaban por Grecia se tenían que ajustar a este calendario, y al salir de ella debían considerar el calendario romano. Fuera del imperio romano cada pueblo atendía su propio calendario. (La universalización del actual calendario Gregoriano comenzó con el impulso de la iglesia Romana en 1582, y terminó de imponerse en el mundo con la aceptación de Turquía, en 1927.)
He verificado que varias versiones de la Biblia (una deslucida revisión de la Reina-Valera 1602 de escasa edición, pero presente aún, la "Biblia Lenguaje Sencillo", la "Nueva Versión internacional Castellana", la R.V.1865, etc.) han colocado la palabra "Domingo" en uno de sus versículos.
Después de realizar cierto estudio e investigación he llegado a algunas conclusiones que desearía compartir humildemente.
El pasaje en cuestión es Ap.1:10. "Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta," (R.V.1909, R.V.1960, Etc.)
Las versiones de brocha gorda a las que me refiero reproducen lo siguiente:
"Yo estaba en el Espíritu en el día de Domingo, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta" (Edición de la versión R.V.1602.)
"Yo fuí en el Espíritu en día de Domingo…" (R.V.1865)
"Pero un domingo, quedé bajo el poder del Espíritu Santo…" (BLS)
"Un domingo, estando yo en comunión con el Espíritu…" (NVIE)
Por lo visto, para algunos traductores el término "día del Señor" y "domingo" son sinónimos intercambiables., y que los cristianos ya han asumido que en la Biblia se enseña que existe el día del Señor, en referencia al día domingo no es ninguna novedad. No obstante yo quisiera que el lector preste mayor atención a lo que sigue de este artículo para que pueda sopesar y discernir este asunto con más detalle.
Si usted es una persona que se huelga en los días domingos atribuyendo a este un significado reglamentario para la vida espiritual, entonces debe ser conciente de ciertas cosas.
Debemos reconocer que tradicionalmente el día Domingo ha sido un día muy nostálgico y popular para el corazón de los cristianos. En dicho día los cristianos se predisponen en una manera especial para adorar, servir a Dios y congregarse, pero la verdad es que este trato preferencial por este día de la semana es algo que no proviene de la enseñanza de las Sagradas Escrituras.
Se diría que, por el contrario, destinar todos los esfuerzos religiosos a un momento o a un día determinado de la semana ha sido la característica de las religiones humanas que tratan de redimir sus culpas y cargos de conciencia descargándolos de un solo golpe, una vez por semana, en la iglesia.
La Biblia enseña que los cristianos tienen, como sacerdotes de Dios, un servicio permanente e ininterrumpido que se desarrolla por medio del templo de sus cuerpos.
No hay ningún versículo en la Biblia que hace mención explícita de algo tal como "domingo". Sí se menciona en una oportunidad (en alusión al calendario hebreo antiguo lunisolar) que "el primer día de la semana" algunos cristianos se reunieron para adorar a Dios, sin embargo el carácter del versículo es meramente informativo, no normativo. (Hch.20:7)
En el caso de (1ªCo.16:2.) lo que se pone de relieve no es "el primer día de la semana",* sino la acción preventiva de juntar una ofrenda (excepcional) aprovechando el hecho de que la iglesia acostumbraba como otras, a congregarse ese día conmemorativo y significativo. (La Biblia nunca dice que la iglesia se debe congregar para conmemorar a Cristo el primer día de la semana, pero sí dice que se debe congregar a conmemorar su muerte, y esto, sin calendario.)
Más allá de un mérito innovador de estas versiones, lo que salta a la vista es la utilización de un término totalmente extemporáneo y ajeno al contexto de la Biblia (domingo). Es muy raro pensar que Juan pensara en un concepto tal como lo es el "domingo" cuando este no sería inventado sino 230 años más tarde, por Constantino (con fines religiosos romanos). Craso error de los traductores.
Más allá del romanticismo que une a los cristianos con el domingo a lo largo de la tradición cristiana, el término "el día del Señor" posee un significado que la misma Palabra de Dios ya le tiene claramente asignado desde el A.T.
Así, pues, "el día del Señor" no es otro que "el día de Jehová", evento ampliamente referenciado por los profetas que señalaban el período en el cual Dios comenzará a traer sus juicios a la tierra. (Is.13:6,9; Ez.13.5; 30:3; Joel 1, 2, 3; Amos 5:18-20; Abdías 1:15; Sofonías 1:7; Zacarías 14:1; Malaquías 4:5.)
Siendo el tal término un concepto meramente escatológico, es muy natural que reaparezca en un libro como lo es Apocalipsis.
El mismo término surge en otras partes del N.T. bajo la misma designación y en referencia al cumplimiento de los eventos futuros. (Hch.2:20; 1ªTes.5:2; 2ªTes.2:2; 2ªPe.3:10.) También aparece una vez como "el día de Dios" (2ªPe.3:12.) pero no hay que confundirlo con "el día de Cristo", "el día del Señor Jesús", o "el día de nuestro Señor" (1ªCo.1:8; 5:5; 2ªCo.1:14; Fil.1:10; 2:16.) porque estas alusiones se relacionan con la parusía o presencia permanente de Cristo con sus santos tras el arrebatamiento que pone fin a la era de la Gracia.
Es decir que en la Biblia nunca, ni siquiera remotamente, "el día del Señor" significa el día domingo. Jamás.
Primero, como se dijo recién, por su significado escatológico. Segundo: Por su significado filológico:
El término "el día del Señor" es exclusivo de la cultura hebrea, estando relacionado con la revelación de las Escrituras.
Para la cultura griega este concepto es totalmente foráneo. En el calendario griego, por ejemplo, no existe una designación tal como "el día del Señor" para referirse al séptimo día de la semana. Para ellos era simplemente el séptimo día de los diez días que tenía su semana.
Tampoco hay entre las fechas religiosas griegas algo semejante a "el día del Señor". De manera que el concepto es netamente hebreo, y hace referencia no a un día de la semana, sino al juicio público de Dios anunciado desde el A.T. Juicio que perjudicará esencialmente al poder gentil para luego establecer el Reino literal.
Tercero: por su significado etimológico y morfológico:
En griego, la frase en cuestión es:
εγενομην εν πνευματι εν τη κυριακη ημερα
yo estaba en (el) espíritu en el del Señor día
Lo que es traducido burdamente como "Domingo" es una celosa y muy delicada declaración: "κυριακη ημερα" (Kuriake hemera)
Κυριακη: (Kuriake > kuriakos) es un adjetivo que indica algo perteneciente al Señor. Algo que está en el dominio del Señor (en este caso el período o "día" de juicio que será luego descrito en Apocalipsis.)
Ημερα: (hemera) la acepción más elemental es simplemente "día". Pero en el contexto de Ap.1:10 es mejor comprenderlo en otra de sus acepciones, como "un período de duración indefinida marcado por ciertas características…así como el día arroja luz sobre las cosas que han estado en tinieblas, la palabra se asocia a menudo con el pronunciamiento de juicio sobre circunstancias." (W.E.Vine)
La claridad y la sencillez del texto Sagrado en todas las formas en que se lo aborde, y juntamente con las referencias del A.T. y N.T. no admiten la posibilidad de que esta frase reservada para hacer referencia al tiempo de los juicios manifiestos de Dios (tribulación y gran tribulación) pueda convertirse en una cándida declaración de tono dominical.
En la mente y en el designio revelado por Dios hay un concepto claro y ese concepto es "Juicio", no "Domingo". Es alarmante que la gran mayoría de los cristianos (e incluso pastores) crean leer "bendición" ahí donde se declara "maldición".
Me pregunto qué grado de culpabilidad hay en los cristianos que creen erróneamente que el domingo es "el día del Señor", cuando hay tantas versiones equivocadas de la Biblia que lo enseñan, y cuando los líderes no lo advertimos.
Con todo lo bueno que es el tener un día de la semana en nuestro calendario pagano en el que se puede descansar, estar con la familia, y aprovechar para congregarse, hay que enseñar con la Biblia que cada día el Señor puede ser el centro de nuestra vida.
* Fuera de Israel, la mayoría de las iglesias de aquella época eran de base judía, de modo que predominaba el uso del calendario hebreo antiguo (de siete días). En lugares como Corinto podría haber estado vigente el calendario Romano (el calendario Juliano de siete días). Recién en el 320 d.C. se designaría y consagraría un día Domingo, por decreto de Constantino con fines más bien paganos que cristianos.
La necesidad de una predicación Expositiva (I)
Me asombra el hecho de descubrir nuevos significados cuando estudio algún pasaje del texto Sagrado.
No es ese asombro ingenuo en el que el explorador del Libro cree haber develado un misterio, es un asombro que me provoca cierto disgusto, porque prácticamente todos los pasajes de la Biblia no tienen más que una interpretación correcta. De modo que lo que uno hace no es otra cosa que corregir una interpretación deficiente que ya tenía.
Tener que reinterpretar muchos pasajes bíblicos que la tradición cristiana ha enseñado con tanta liviandad desde una posición equivocada, o al menos descuidada, es un trabajo que modifica mucho más que una interpretación equivocada, o un concepto que se tiene en la mente. Para un cristiano, el conocer el significado cabal de uno u otro pasaje de la Biblia conlleva a una crisis, a un cierto retraso en el crecimiento que, en el mejor de los casos, y después de cierta perplejidad y confusión, termina en modificar y rectificar pensamientos y conductas.
Es comprensible que todo proceso de conocimiento implique una serie de constantes ajustes, pero no estoy bien predispuesto a conceder mi silencio a la mala exégesis que impera en el cristianismo en general. Porque una cosa es la lenta elaboración de la estructura de nuestros conocimientos, pero otra cosa diferente es que quien imparte la enseñanza no sea "didaktico" ("apto para enseñar").
Voy a un caso testigo de esta dejadez:
"Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano." 1ªCo.15:58.
La mayoría de las personas a las cuales les estoy hablando pueden decir este versículo de memoria (pero la buena memoria es una virtud relativa cuando la mente ignora el significado de aquello que atesora).
No sé exactamente cuantas veces escuché hablar sobre este pasaje en los últimos diez años, pero me arriesgaría a decir que no menos de treinta veces.
Sospecho que en alguna oportunidad se haya dicho algo diferente de que el cristiano debe permanecer "firme y constante, creciendo en la obra del Señor siempre", porque Dios es un fiel galardonador del servicio que se le rinde…
Es verdad que Dios reconocerá con justicia el servicio que los cristianos le rinden, pero este famoso pasaje no establece ni enseña ninguna ley de retribución por medio de la que se anima al cristiano a trabajar en vista de una compensación.
Para muchísimos cristianos este pasaje, lo repito:
"Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano." 1ªCo.15:58.
se ha convertido en un icono de motivación espiritual, en una fina pieza de la colección de promesas Divinas que asegura que la prestación de los servicios que se rinden a Dios tiene una contraprestación de crédito reservado para ser entregado al empleado cristiano en el Tribunal de Cristo.
En otras palabras tal pasaje no enseña el artilugio del "tomá y dame". La razón por la cual se enseña esto, no obstante, es la aplicación de la lógica. Es que somos tan espirituales que interpretamos la Biblia por intuición…
Lo que obstaculiza el sano y recto entendimiento de este pasaje por parte del cristiano es el mismo obstáculo de siempre: miopía y astigmatismo en los ojos de la interpretación de un texto cualquiera.
No voy a discurrir en la exégesis del pasaje que he citado, por si este artículo despertara alguna suerte de curiosidad en mi lector. Solo diré lo elemental:
-El pasaje en cuestión es la breve conclusión de todo un capítulo.
-1ªCo.15 es un capítulo donde se trata sobre la resurrección (es un capítulo normativo sobre el tema).
-La razón por la cual el cristiano debe "permanecer firme y constante creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que su trabajo en el Señor no será en vano", es que se le ha asegurado que un día resucitará.
El mensaje es que: No es en vano...porque resucitará...
Por esta razón, y no por otra, es que el cristiano "sabe que su trabajo en el Señor no es en vano" (de ahí que el pasaje anterior diga: "gracias sean dadas a Dios que nos da la victoria por medio del nuestro Señor Jesucristo." Quien de cierto resucitó de entre los muertos, como lo argumenta todo el capítulo.)
Pensar que mi trabajo en el Señor no es en vano porque recibiré una recompensa de Él no es algo que Pablo tenga en vista aquí.
¡La motivación está en la promesa de Resucitar, no en una recompensa de valor relativo a un servicio!
Me pregunto qué sería del reconocimiento del servicio sin la Resurrección y la Glorificación.
Tengo por mejor, por más excelsa, e infalible la motivación de la Resurrección y la Glorificación juntamente con Cristo que la motivación que me suministra cualquier reconocimiento que pudiera recibir de Él por haber hecho nada más y nada menos que lo que debía hacer.
El mensaje que se quiere transmitir en el pasaje mencionado es infinitamente superior al mensaje que se suele dar. ¿Por qué no se estudia y se enseña la Biblia correctamente?
Digamos que el infierno será un lugar fresco antes que nuestras ideas acerca de la Biblia superen el mensaje que la Biblia posee en sí misma.
¿Se da cuenta cuanta legítima y recta motivación le roba al cristiano una mala interpretación?
No es ese asombro ingenuo en el que el explorador del Libro cree haber develado un misterio, es un asombro que me provoca cierto disgusto, porque prácticamente todos los pasajes de la Biblia no tienen más que una interpretación correcta. De modo que lo que uno hace no es otra cosa que corregir una interpretación deficiente que ya tenía.
Tener que reinterpretar muchos pasajes bíblicos que la tradición cristiana ha enseñado con tanta liviandad desde una posición equivocada, o al menos descuidada, es un trabajo que modifica mucho más que una interpretación equivocada, o un concepto que se tiene en la mente. Para un cristiano, el conocer el significado cabal de uno u otro pasaje de la Biblia conlleva a una crisis, a un cierto retraso en el crecimiento que, en el mejor de los casos, y después de cierta perplejidad y confusión, termina en modificar y rectificar pensamientos y conductas.
Es comprensible que todo proceso de conocimiento implique una serie de constantes ajustes, pero no estoy bien predispuesto a conceder mi silencio a la mala exégesis que impera en el cristianismo en general. Porque una cosa es la lenta elaboración de la estructura de nuestros conocimientos, pero otra cosa diferente es que quien imparte la enseñanza no sea "didaktico" ("apto para enseñar").
Voy a un caso testigo de esta dejadez:
"Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano." 1ªCo.15:58.
La mayoría de las personas a las cuales les estoy hablando pueden decir este versículo de memoria (pero la buena memoria es una virtud relativa cuando la mente ignora el significado de aquello que atesora).
No sé exactamente cuantas veces escuché hablar sobre este pasaje en los últimos diez años, pero me arriesgaría a decir que no menos de treinta veces.
Sospecho que en alguna oportunidad se haya dicho algo diferente de que el cristiano debe permanecer "firme y constante, creciendo en la obra del Señor siempre", porque Dios es un fiel galardonador del servicio que se le rinde…
Es verdad que Dios reconocerá con justicia el servicio que los cristianos le rinden, pero este famoso pasaje no establece ni enseña ninguna ley de retribución por medio de la que se anima al cristiano a trabajar en vista de una compensación.
Para muchísimos cristianos este pasaje, lo repito:
"Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano." 1ªCo.15:58.
se ha convertido en un icono de motivación espiritual, en una fina pieza de la colección de promesas Divinas que asegura que la prestación de los servicios que se rinden a Dios tiene una contraprestación de crédito reservado para ser entregado al empleado cristiano en el Tribunal de Cristo.
En otras palabras tal pasaje no enseña el artilugio del "tomá y dame". La razón por la cual se enseña esto, no obstante, es la aplicación de la lógica. Es que somos tan espirituales que interpretamos la Biblia por intuición…
Lo que obstaculiza el sano y recto entendimiento de este pasaje por parte del cristiano es el mismo obstáculo de siempre: miopía y astigmatismo en los ojos de la interpretación de un texto cualquiera.
No voy a discurrir en la exégesis del pasaje que he citado, por si este artículo despertara alguna suerte de curiosidad en mi lector. Solo diré lo elemental:
-El pasaje en cuestión es la breve conclusión de todo un capítulo.
-1ªCo.15 es un capítulo donde se trata sobre la resurrección (es un capítulo normativo sobre el tema).
-La razón por la cual el cristiano debe "permanecer firme y constante creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que su trabajo en el Señor no será en vano", es que se le ha asegurado que un día resucitará.
El mensaje es que: No es en vano...porque resucitará...
Por esta razón, y no por otra, es que el cristiano "sabe que su trabajo en el Señor no es en vano" (de ahí que el pasaje anterior diga: "gracias sean dadas a Dios que nos da la victoria por medio del nuestro Señor Jesucristo." Quien de cierto resucitó de entre los muertos, como lo argumenta todo el capítulo.)
Pensar que mi trabajo en el Señor no es en vano porque recibiré una recompensa de Él no es algo que Pablo tenga en vista aquí.
¡La motivación está en la promesa de Resucitar, no en una recompensa de valor relativo a un servicio!
Me pregunto qué sería del reconocimiento del servicio sin la Resurrección y la Glorificación.
Tengo por mejor, por más excelsa, e infalible la motivación de la Resurrección y la Glorificación juntamente con Cristo que la motivación que me suministra cualquier reconocimiento que pudiera recibir de Él por haber hecho nada más y nada menos que lo que debía hacer.
El mensaje que se quiere transmitir en el pasaje mencionado es infinitamente superior al mensaje que se suele dar. ¿Por qué no se estudia y se enseña la Biblia correctamente?
Digamos que el infierno será un lugar fresco antes que nuestras ideas acerca de la Biblia superen el mensaje que la Biblia posee en sí misma.
¿Se da cuenta cuanta legítima y recta motivación le roba al cristiano una mala interpretación?
La necesidad de una predicación Expositiva (II)
El motivo de insistir un poco más en este artículo es hacer hincapié en la necesidad de una mejora en nuestra educación bíblica, y en el ministerio de la Palabra.
Existe un acuerdo general entre los cristianos con respecto al propósito de la iglesia, este acuerdo general revela que:
-La iglesia está para evangelizar y hacer discípulos.
(Para cumplir la Gran Comisión)
He notado que casi nadie parece recordar que además de esto la Biblia hace referencia a otra función de la iglesia, función que corre en forma absolutamente paralela al mandato de anunciar las buenas nuevas y hacer discípulos.
Esa otra gran responsabilidad, o este otro gran propósito de la iglesia revela que:
"…la iglesia del Dios viviente (es) columna y baluarte de la verdad." (1ªTim.3:15.)
Para que su obra no se desvirtúe, toda iglesia debe tratar con mesura y equilibrio estos dos grandes propósitos:
1- la proclamación de la fe.
2- la preservación de la fe.
El hecho de que la iglesia de Dios deba cumplir con su misión de ser "columna" y "baluarte" de la Verdad nos remite a un campo en el cual la educación bíblica y el ministerio de la Palabra deben tomarse con suma seriedad, ya que no se puede sostener ni proteger una verdad que aún no se ha apropiado.
De modo que el punto más crítico frente a este desafío es el proceso en el cual el pastor maestro impartirá el conocimiento del texto Sagrado a los cristianos para que estos lleguen a ser eventualmente columna y baluarte de la Verdad Suprema.
Es por esto que no sin cierta preocupación deseo referirme más específicamente al método por medio del cual se debiera impartir la enseñanza bíblica a los hermanos.
Se supone que como "columna" la iglesia debe ser el punto de apoyo, o de sostenimiento donde la verdad doctrinal pueda permanecer asentada. Como "columna" (gr. στύλος = stulos) la iglesia representa metafóricamente el elemento fundamental de sostén en una estructura sobre la que reposa un gran peso, peso que debe interpretarse como responsabilidad; la de ser sostenedores de la doctrina cristiana.
Si pensamos en el lugar y en el rol que la columna había desempeñado como concepto en la arquitectura de aquella avanzada civilización griega nos daremos cuenta que el apóstol recurre a una figura universal de punto de apoyo con la intención de establecer un gran paradigma: la iglesia es el único medio o agente en virtud del cual la Verdad Escritural permanecerá siempre sostenida, elevada, presente, firme, y clara en medio del otras verdades que son sostenidas por los hombres.
Para la arquitectura griega la columna era el concepto más esencial de sostén, era insustituible, irremplazable, única, noble, poderosa, y casi divina. De modo que si se hace el traslado de este concepto a la iglesia, su función de única o exclusiva sostenedora de la sana doctrina saltará a la vista.
Se ha discutido mucho sobre el asunto de cómo sostendrá la verdad el cristiano. En mi humilde opinión ese no es el punto de coyuntura en el tema, debido a que, gracias a las garantías que Dios nos ha dado, es perfectamente posible para los hijos de Dios ser sostenedores de la fe que fue dada una vez a los santos. El tema de "contender ardientemente" por ella está en la naturaleza del espíritu cristiano, porque quien conoce la Verdad con cierta profundidad no hará más que defenderla. El verdadero problema está un paso antes de la defensa, y tiene que ver con ¿cómo llega un nuevo convertido a ser columna y baluarte de la verdad? ya que es imposible sostener algo que no se tiene.
El problema tiene que ver con el desafío de lograr que un creyente inmaduro llegue a tener sus propias convicciones sobre la defensa de la fe, su propio deseo de ser columna y baluarte de la Verdad.
Es aquí donde se debe escoger estratégicamente el método por el cual se le impartirá la Verdad al creyente para que este las pueda asimilar, interpretar, hacerla parte de su propia vida y finalmente sostenerla, porque esto no pasará por casualidad.
Aquí es donde entra a jugar la pericia pedagógica del pastor maestro, es decir, de usted, quien más allá de proveer sana enseñanza, debe brindar a los discípulos las herramientas necesarias para que ellos puedan convertirse en estudiantes individuales de las Sagradas Escrituras.
El pastor debe hacer las cosas de tal manera que el discípulo llegue a ser como su maestro, porque pastorear a alguien es elevarlo con miras de presentarlo perfecto en Cristo Jesús.
Las más nobles funciones pastorales están relacionadas con modelar artesanalmente a los hermanos para que estos lleguen a ser cristianos, es decir, para que estos lleguen a exhibir el carácter moral de Cristo, su Arquetipo.
Pero esto es imposible si el cristiano está bajo un tipo de predicación o un sistema de enseñanza en el cual tiene un acceso limitado al texto Sagrado. Tal es la suerte de aquellos que son alimentados en base a un régimen de sermones temáticos, en los cuales solo se pueden dar pequeños resquicios de la Biblia. Porque la exposición del párrafo Sagrado hecha en forma temática es acotada y limitada respecto de la exposición verbal y exhaustiva. (De ahí que sea tan notoria la falta de preparación pedagógica en el cuerpo de pastores y maestros de las iglesias cristianas, y de ahí la urgencia de buscar una solución.)
Que quede claro que lo que digo es ciencia, y no celo.
(la esencia de este artículo se apoya en las leyes de la pedagogía.)
El método por medio del cual se vuelcan los conocimientos es lo que determina la capacidad de la estructura psíquica de la persona. Ya no se trata de las preferencias del maestro, sino de que el rendimiento de un método es mucho más beneficioso que el otro, por cuanto permite una comprensión más óptima y una estructura que admite la asimilación de razonamientos más profundos y complejos respecto a la materia de la Biblia. En otras palabras no se puede establecer ni punto de comparación entre el método expositivo y el método temático.
Es ingenuo creer que un creyente puede llegar a ser sostenedor de la Verdad cuando el sistema de enseñanza al que está sometido constantemente solo le puede proporcionar los rudimentos de la doctrina de Cristo. La prueba más clara está en que los creyentes con más de tres años en las iglesias saben todos los temas de la Biblia pero no saben nada de ella, ni pueden penetrar con buena exégesis un texto sencillo. La causa de esto es, a su vez, el magro nivel de preparación de los que enseñamos: pastores y maestros.
Las columnas han ilustrado históricamente los puntos de apoyo sobre los cuales muchos hombres inteligentes supieron perpetuar sus ideales, pero la mayoría de las iglesias de Cristo no pueden llegar a convertir a sus soldados en columna y baluarte de la Verdad.
La mayoría de los pastores tiene mucha dificultad en lograr que los hermanos lleguen a buen puerto en este asunto de ser sostenedores de la fe, y naturalmente se corre el riesgo de que muchas obras mueran con sus líderes, o sean desviadas porque las personas que forman parte de esas obras no llegan a tener una real participación en el trabajo de ser columnas sostenedoras de la Verdad.
Esto puede ser revertido solo si a los creyentes se les enseña a interpretar por sí mismos las Sagradas Escrituras. Ningún pastor puede ganar la carrera contrarreloj que existe en la prolongación de la obra si elige el método de enseñanza bíblica equivocado.
El resultado concreto de ese método insuficiente de enseñanza hoy está a la vista de todos, los cristianos solo consiguen proclamar un Evangelio que carece de contenido, y un mensaje que suena hueco, cíclico, reiterativo, y que deja un sabor insípido en los paladares que verdaderamente desean gustar el sabor de las cosas de ese famoso Jesucristo…
Entre muchos pastores, prácticamente nadie cree que esta responsabilidad (la de ser sostenedores de la Verdad) sea previa a la de evangelizar y hacer discípulos, y sin embargo la es, porque ningún hermano de una iglesia puede compartir con efectividad un Evangelio que no ha llegado a comprender bien, y mucho menos puede llegar a hacer un verdadero discípulo.
Un Baluarte (gr.εδραίωμα = edraioma) es un concepto de la arquitectura cuyo significado supera al de la palabra en sí misma. Un baluarte debe ser considerado bajo todo concepto como un diseño de defensa. En aquellos tiempos eran necesarios para tomar una posición en la cual se podía ejercer una defensa física contra los ataques enemigos.
De acuerdo con el concepto que en la arquitectura griega representaba un baluarte, como "baluarte de la verdad" la iglesia viene a ser un lugar de amparo y defensa para la doctrina bíblica, indicándose seguramente con esto que hay quienes tienen intenciones de atacarla desde afuera.
¿Cómo alguien puede defender algo que ni siquiera ha aprendido a sostener?
Pero cuidado, porque como "baluarte de la verdad" la iglesia debe ser no el lugar, sino el agente de defensa. (El salón de reunión no es el lugar, por antonomasia, donde se nos manda a defender la Verdad, sino que la iglesia es, en todo lugar, el agente que debe hacerlo. El término "la casa de Dios" es equivalente a una familia, o a un grupo de personas que tiene ciertas cosas en común. Por ejemplo, "la casa de Jacob", "la casa de Israel", etc.)
Cada legítima congregación cristiana debería ser preparada por sus líderes para tener una capacidad de argumentación reflexiva y defensiva de la doctrina cristiana con respecto a aquellas doctrinas atacantes, y la predicación expositiva del texto Sagrado es, estratégicamente hablando, la mejor herramienta para edificar una iglesia que debe cumplir con su función de ser "columna y baluarte de la Verdad".
La predicación expositiva es, no obstante, con todo y ser el mejor método científico para nuestra necesidad, el método más ausente de presentación de las verdades del texto Sagrado en los pulpitos…
El cuadro que nos toca ver del cristianismo en general, refleja una profunda carencia en el conocimiento de las Escrituras. No es por falta de Biblias, ni por falta de personas con buena disposición, ni por falta de horas de enseñanza; es por falta del manejo de un método de instrucción idóneo.
Es dudoso que el cristianismo de hoy pueda ser "columna y baluarte de la verdad".
¿Qué calidad de vida puede llegar a tener y a ofrecer una comunidad cristiana que deja para después la tarea por donde la obra justamente comienza? No se puede cumplir ninguna digna Comisión si no se empieza tomando en serio el método de predicación y de enseñanza de la Biblia a los hermanos.
No se puede realizar con éxito la evangelización y el discipulado cuando las bases de la educación bíblica de la congregación son tan deficientes.
Usted como pastor debe poner como primera prioridad el ministerio de la Palabra. Eso significa que se debe organizar un sistema de estudio que le permita ampliar su capacidad didáctica.
Piense que el futuro de su congregación como "columna y baluarte de la Verdad" depende de varias cosas, pero especialmente de lo que en el púlpito dice su boca.
Extracto del libro "El pudor de la exégesis" por Diego Silvano.
Existe un acuerdo general entre los cristianos con respecto al propósito de la iglesia, este acuerdo general revela que:
-La iglesia está para evangelizar y hacer discípulos.
(Para cumplir la Gran Comisión)
He notado que casi nadie parece recordar que además de esto la Biblia hace referencia a otra función de la iglesia, función que corre en forma absolutamente paralela al mandato de anunciar las buenas nuevas y hacer discípulos.
Esa otra gran responsabilidad, o este otro gran propósito de la iglesia revela que:
"…la iglesia del Dios viviente (es) columna y baluarte de la verdad." (1ªTim.3:15.)
Para que su obra no se desvirtúe, toda iglesia debe tratar con mesura y equilibrio estos dos grandes propósitos:
1- la proclamación de la fe.
2- la preservación de la fe.
El hecho de que la iglesia de Dios deba cumplir con su misión de ser "columna" y "baluarte" de la Verdad nos remite a un campo en el cual la educación bíblica y el ministerio de la Palabra deben tomarse con suma seriedad, ya que no se puede sostener ni proteger una verdad que aún no se ha apropiado.
De modo que el punto más crítico frente a este desafío es el proceso en el cual el pastor maestro impartirá el conocimiento del texto Sagrado a los cristianos para que estos lleguen a ser eventualmente columna y baluarte de la Verdad Suprema.
Es por esto que no sin cierta preocupación deseo referirme más específicamente al método por medio del cual se debiera impartir la enseñanza bíblica a los hermanos.
Se supone que como "columna" la iglesia debe ser el punto de apoyo, o de sostenimiento donde la verdad doctrinal pueda permanecer asentada. Como "columna" (gr. στύλος = stulos) la iglesia representa metafóricamente el elemento fundamental de sostén en una estructura sobre la que reposa un gran peso, peso que debe interpretarse como responsabilidad; la de ser sostenedores de la doctrina cristiana.
Si pensamos en el lugar y en el rol que la columna había desempeñado como concepto en la arquitectura de aquella avanzada civilización griega nos daremos cuenta que el apóstol recurre a una figura universal de punto de apoyo con la intención de establecer un gran paradigma: la iglesia es el único medio o agente en virtud del cual la Verdad Escritural permanecerá siempre sostenida, elevada, presente, firme, y clara en medio del otras verdades que son sostenidas por los hombres.
Para la arquitectura griega la columna era el concepto más esencial de sostén, era insustituible, irremplazable, única, noble, poderosa, y casi divina. De modo que si se hace el traslado de este concepto a la iglesia, su función de única o exclusiva sostenedora de la sana doctrina saltará a la vista.
Se ha discutido mucho sobre el asunto de cómo sostendrá la verdad el cristiano. En mi humilde opinión ese no es el punto de coyuntura en el tema, debido a que, gracias a las garantías que Dios nos ha dado, es perfectamente posible para los hijos de Dios ser sostenedores de la fe que fue dada una vez a los santos. El tema de "contender ardientemente" por ella está en la naturaleza del espíritu cristiano, porque quien conoce la Verdad con cierta profundidad no hará más que defenderla. El verdadero problema está un paso antes de la defensa, y tiene que ver con ¿cómo llega un nuevo convertido a ser columna y baluarte de la verdad? ya que es imposible sostener algo que no se tiene.
El problema tiene que ver con el desafío de lograr que un creyente inmaduro llegue a tener sus propias convicciones sobre la defensa de la fe, su propio deseo de ser columna y baluarte de la Verdad.
Es aquí donde se debe escoger estratégicamente el método por el cual se le impartirá la Verdad al creyente para que este las pueda asimilar, interpretar, hacerla parte de su propia vida y finalmente sostenerla, porque esto no pasará por casualidad.
Aquí es donde entra a jugar la pericia pedagógica del pastor maestro, es decir, de usted, quien más allá de proveer sana enseñanza, debe brindar a los discípulos las herramientas necesarias para que ellos puedan convertirse en estudiantes individuales de las Sagradas Escrituras.
El pastor debe hacer las cosas de tal manera que el discípulo llegue a ser como su maestro, porque pastorear a alguien es elevarlo con miras de presentarlo perfecto en Cristo Jesús.
Las más nobles funciones pastorales están relacionadas con modelar artesanalmente a los hermanos para que estos lleguen a ser cristianos, es decir, para que estos lleguen a exhibir el carácter moral de Cristo, su Arquetipo.
Pero esto es imposible si el cristiano está bajo un tipo de predicación o un sistema de enseñanza en el cual tiene un acceso limitado al texto Sagrado. Tal es la suerte de aquellos que son alimentados en base a un régimen de sermones temáticos, en los cuales solo se pueden dar pequeños resquicios de la Biblia. Porque la exposición del párrafo Sagrado hecha en forma temática es acotada y limitada respecto de la exposición verbal y exhaustiva. (De ahí que sea tan notoria la falta de preparación pedagógica en el cuerpo de pastores y maestros de las iglesias cristianas, y de ahí la urgencia de buscar una solución.)
Que quede claro que lo que digo es ciencia, y no celo.
(la esencia de este artículo se apoya en las leyes de la pedagogía.)
El método por medio del cual se vuelcan los conocimientos es lo que determina la capacidad de la estructura psíquica de la persona. Ya no se trata de las preferencias del maestro, sino de que el rendimiento de un método es mucho más beneficioso que el otro, por cuanto permite una comprensión más óptima y una estructura que admite la asimilación de razonamientos más profundos y complejos respecto a la materia de la Biblia. En otras palabras no se puede establecer ni punto de comparación entre el método expositivo y el método temático.
Es ingenuo creer que un creyente puede llegar a ser sostenedor de la Verdad cuando el sistema de enseñanza al que está sometido constantemente solo le puede proporcionar los rudimentos de la doctrina de Cristo. La prueba más clara está en que los creyentes con más de tres años en las iglesias saben todos los temas de la Biblia pero no saben nada de ella, ni pueden penetrar con buena exégesis un texto sencillo. La causa de esto es, a su vez, el magro nivel de preparación de los que enseñamos: pastores y maestros.
Las columnas han ilustrado históricamente los puntos de apoyo sobre los cuales muchos hombres inteligentes supieron perpetuar sus ideales, pero la mayoría de las iglesias de Cristo no pueden llegar a convertir a sus soldados en columna y baluarte de la Verdad.
La mayoría de los pastores tiene mucha dificultad en lograr que los hermanos lleguen a buen puerto en este asunto de ser sostenedores de la fe, y naturalmente se corre el riesgo de que muchas obras mueran con sus líderes, o sean desviadas porque las personas que forman parte de esas obras no llegan a tener una real participación en el trabajo de ser columnas sostenedoras de la Verdad.
Esto puede ser revertido solo si a los creyentes se les enseña a interpretar por sí mismos las Sagradas Escrituras. Ningún pastor puede ganar la carrera contrarreloj que existe en la prolongación de la obra si elige el método de enseñanza bíblica equivocado.
El resultado concreto de ese método insuficiente de enseñanza hoy está a la vista de todos, los cristianos solo consiguen proclamar un Evangelio que carece de contenido, y un mensaje que suena hueco, cíclico, reiterativo, y que deja un sabor insípido en los paladares que verdaderamente desean gustar el sabor de las cosas de ese famoso Jesucristo…
Entre muchos pastores, prácticamente nadie cree que esta responsabilidad (la de ser sostenedores de la Verdad) sea previa a la de evangelizar y hacer discípulos, y sin embargo la es, porque ningún hermano de una iglesia puede compartir con efectividad un Evangelio que no ha llegado a comprender bien, y mucho menos puede llegar a hacer un verdadero discípulo.
Un Baluarte (gr.εδραίωμα = edraioma) es un concepto de la arquitectura cuyo significado supera al de la palabra en sí misma. Un baluarte debe ser considerado bajo todo concepto como un diseño de defensa. En aquellos tiempos eran necesarios para tomar una posición en la cual se podía ejercer una defensa física contra los ataques enemigos.
De acuerdo con el concepto que en la arquitectura griega representaba un baluarte, como "baluarte de la verdad" la iglesia viene a ser un lugar de amparo y defensa para la doctrina bíblica, indicándose seguramente con esto que hay quienes tienen intenciones de atacarla desde afuera.
¿Cómo alguien puede defender algo que ni siquiera ha aprendido a sostener?
Pero cuidado, porque como "baluarte de la verdad" la iglesia debe ser no el lugar, sino el agente de defensa. (El salón de reunión no es el lugar, por antonomasia, donde se nos manda a defender la Verdad, sino que la iglesia es, en todo lugar, el agente que debe hacerlo. El término "la casa de Dios" es equivalente a una familia, o a un grupo de personas que tiene ciertas cosas en común. Por ejemplo, "la casa de Jacob", "la casa de Israel", etc.)
Cada legítima congregación cristiana debería ser preparada por sus líderes para tener una capacidad de argumentación reflexiva y defensiva de la doctrina cristiana con respecto a aquellas doctrinas atacantes, y la predicación expositiva del texto Sagrado es, estratégicamente hablando, la mejor herramienta para edificar una iglesia que debe cumplir con su función de ser "columna y baluarte de la Verdad".
La predicación expositiva es, no obstante, con todo y ser el mejor método científico para nuestra necesidad, el método más ausente de presentación de las verdades del texto Sagrado en los pulpitos…
El cuadro que nos toca ver del cristianismo en general, refleja una profunda carencia en el conocimiento de las Escrituras. No es por falta de Biblias, ni por falta de personas con buena disposición, ni por falta de horas de enseñanza; es por falta del manejo de un método de instrucción idóneo.
Es dudoso que el cristianismo de hoy pueda ser "columna y baluarte de la verdad".
¿Qué calidad de vida puede llegar a tener y a ofrecer una comunidad cristiana que deja para después la tarea por donde la obra justamente comienza? No se puede cumplir ninguna digna Comisión si no se empieza tomando en serio el método de predicación y de enseñanza de la Biblia a los hermanos.
No se puede realizar con éxito la evangelización y el discipulado cuando las bases de la educación bíblica de la congregación son tan deficientes.
Usted como pastor debe poner como primera prioridad el ministerio de la Palabra. Eso significa que se debe organizar un sistema de estudio que le permita ampliar su capacidad didáctica.
Piense que el futuro de su congregación como "columna y baluarte de la Verdad" depende de varias cosas, pero especialmente de lo que en el púlpito dice su boca.
Extracto del libro "El pudor de la exégesis" por Diego Silvano.
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